Alemania ha acusado a la Comisión Europea de servirse de la legislación del mercado eléctrico para introducir por la puerta de atrás disposiciones fiscales que, según Berlín, deberían tramitarse por la vía tributaria ordinaria de la Unión. El choque, revelado por Euronews a partir de una carta a la que ha tenido acceso, enfrenta al Gobierno alemán con Bruselas por un plan que pretende gravar la electricidad con un tipo inferior al del gas natural, y amenaza con frenar los planes de electrificación del bloque y su intento de reducir la dependencia de los combustibles fósiles importados.
El núcleo de la disputa es de naturaleza jurídica, y por eso resulta tan delicado. La Comisión quiere incluir esa medida en la ley de diseño del mercado eléctrico, un instrumento que puede aprobarse por mayoría cualificada, es decir, sin que ningún país pueda vetarlo en solitario. Alemania sostiene que, al tratarse en realidad de una cuestión fiscal, debería regirse por la regla de la unanimidad que tradicionalmente se exige en la UE para los asuntos tributarios, lo que otorgaría a cada Estado un derecho de veto. En una carta firmada por Bastian Fleig, director general del Ministerio de Finanzas alemán, Berlín expresa serias dudas de que la propuesta pueda aprobarse por mayoría cualificada y advierte de que es contraria al requisito de unanimidad en materia fiscal.
Berlín matiza que su oposición no es al objetivo, sino al método. «Todos compartimos el objetivo de transformación y electrificación, pero no comparto el enfoque de la Comisión Europea», señala la misiva. La solución que propone Alemania pasa por retirar la medida de la ley del mercado eléctrico y negociar la fiscalidad de la electricidad en el instrumento que considera adecuado, la Directiva sobre fiscalidad de la energía. El trasfondo del conflicto tiene, además, una dimensión interna para el propio Gobierno alemán: el país mantiene una fuerte dependencia del gas y planes nacionales de calefacción que podrían quedar desbordados si Europa acelera la electrificación a un ritmo distinto.
El pulso se enmarca en una ambiciosa estrategia comunitaria. La medida forma parte del Plan de Acción para la Electrificación con el que la Comisión busca abaratar el precio de la electricidad frente al de los combustibles fósiles y empujar hacia la electrificación de la industria, el transporte y el sector energético, en un momento de precios elevados de la luz. El planteamiento de Bruselas es sistémico e integra objetivos de renovables, almacenamiento, tarifas de red e impuestos, y su lógica es hacer que la electricidad resulte más barata que el gas para incentivar el cambio. La resistencia alemana, la de la mayor economía del bloque, ilustra la tensión de fondo entre ese impulso continental y las prioridades nacionales, y puede condicionar el ritmo de una transición energética que la UE considera clave para su autonomía. El desenlace se decidirá durante el proceso legislativo, en el que la propuesta aún debe ser negociada y adoptada, y donde la batalla sobre qué mayoría se aplica puede resultar tan determinante como el contenido mismo de la reforma.






