El debate sobre la vivienda y la amenaza de un adelanto electoral han arrinconado en apenas unos días la crisis de Ceuta, que hace semanas abría los informativos y ahora apenas asoma entre la marea de titulares sobre decretos, votaciones y el «periodo de reflexión» de Pedro Sánchez. El problema, sin embargo, sigue exactamente donde estaba, y el riesgo es que la ciudad quede desatendida a medida que la atención se aleja.
Más de 3.000 migrantes permanecen asentados en la playa del Trampolín, según el Gobierno autonómico, dos meses después de la entrada masiva de los pasados 30 y 31 de julio. La ciudad no ha recuperado la normalidad, y el grueso de la clase política nacional tiene la mirada puesta en Madrid, no en el enclave.
Miles de personas continúan durmiendo a la intemperie pese a que las administraciones cifran en más de 8.000 los migrantes ya alojados en dispositivos temporales, a los que se suman más de 2.500 menores tutelados por el Gobierno ceutí. La falta de plazas obliga a muchos a pasar la noche en garajes, vehículos y azoteas, una situación que empeora con la llegada de las lluvias.
El goteo de medidas continúa lejos de los focos. El Gobierno central ultima la apertura de dos nuevos espacios para alojar a más de 800 personas, sobre todo mujeres con niños, con traslados previstos a la mezquita de Sidi Embarek y al antiguo campo de fútbol del cuartel de Caballería, mientras el Ejecutivo ceutí levanta vallas en la playa de Benítez para frenar nuevos asentamientos.
La degradación sobre el terreno avanza al margen del silencio mediático. Dos menores migrantes fueron apuñalados esta semana, la Consejería de Sanidad alertó de la contaminación del agua del Trampolín por niveles muy altos de bacterias fecales y cerca de un centenar de menores no acompañados llegó a concentrarse en la playa para exigir un centro de acogida, en una ciudad donde las entidades sociales denuncian que «no se prioriza el interés del menor».
El temor de fondo es el olvido. Las organizaciones sobre el terreno advierten de la «falta de responsabilidad» de las comunidades autónomas en el reparto de menores y alertan de que, pasada la primera conmoción, la emergencia corre el peligro de cronificarse sin que nadie asuma una solución, justo cuando la agenda política se ha volcado en otro asunto.
El problema, además, ni siquiera se ha cerrado en la frontera: en los últimos días, 44 migrantes, de ellos 35 menores, entraron a nado por el espigón del Tarajal aprovechando el mal tiempo, una muestra de que la crisis sigue abierta mientras el ruido de Madrid amenaza con darle carpetazo.






