El Gobierno ha trasladado a Marruecos su rechazo tajante a las reivindicaciones de soberanía sobre Ceuta y Melilla, y ha defendido que se trata de dos ciudades españolas que forman parte de la integridad territorial y la soberanía de España. «Rechazamos y rechazaremos tajantemente cualquier planteamiento distinto respecto a Ceuta y Melilla», señalaron fuentes del Ministerio de Asuntos Exteriores que dirige José Manuel Albares, que precisaron que esa posición se comunicó a Rabat por los canales diplomáticos. Exteriores no aclaró, sin embargo, si Albares llegó a hablar directamente con su homólogo marroquí.
La respuesta española llegó horas después de unas declaraciones especialmente contundentes de Rabat. El ministro marroquí de Justicia, Abdellatif Ouahbi, reafirmó este viernes en una entrevista con el canal público 2M que Ceuta y Melilla constituyen un derecho histórico y geográfico de Marruecos, y fue un paso más allá al proponer la creación de una comisión de diálogo con España para abordar el futuro de ambas ciudades y lograr lo que denominó su retorno al seno de la patria. Ouahbi defendió que se trata de un asunto sobre el que no se puede guardar silencio y que debe mantenerse presente en las relaciones bilaterales.
El Ejecutivo español cerró la puerta de plano a esa propuesta de negociación. Desde Exteriores subrayaron que Ceuta y Melilla son la frontera de España y de la Unión Europea, que su soberanía está reconocida internacionalmente y que ambas forman parte integrante del territorio comunitario, un argumento con el que Madrid busca blindar los enclaves también en el plano europeo. Con esa réplica, el Gobierno descarta cualquier mecanismo de diálogo sobre la titularidad de las ciudades y mantiene la reivindicación marroquí fuera del debate institucional.
Las declaraciones de Ouahbi no son un hecho aislado, sino la enésima vuelta de tuerca de una ofensiva verbal sostenida. El propio ministro ya había asegurado el pasado 12 de agosto que Marruecos seguía reivindicando ambas ciudades y que la cuestión permanecía sobre la mesa en sus contactos con España, en unos días en los que también amenazó con suspender el acuerdo de extradición bilateral. Ese goteo de mensajes coincide con la escalada de tensión abierta desde la crisis migratoria de finales de julio, lo que ha llevado a interpretar sus palabras como parte de la presión de Rabat sobre Madrid en un momento especialmente delicado.
El pulso por Ceuta y Melilla, en cualquier caso, hunde sus raíces mucho más atrás. Marruecos mantiene sus aspiraciones sobre los dos enclaves desde su independencia en 1956, apoyándose en la idea del Gran Marruecos, y España ha rechazado de forma reiterada cualquier cuestionamiento de su soberanía, respaldada por siglos de administración española y por el reconocimiento internacional. La novedad de esta ocasión reside en el planteamiento de una comisión de diálogo, una fórmula que Rabat presenta como vía de entendimiento pero que Madrid interpreta como un intento de abrir una negociación inaceptable. El episodio confirma que, más allá de la gestión migratoria, la soberanía de las ciudades autónomas sigue siendo el punto más sensible e irrenunciable de una relación bilateral sometida estos meses a una tensión constante.






