El diputado del PSOE en la Asamblea de Ceuta y vicepresidente de la Mesa de la Cámara, Melchor León, ha denunciado públicamente que su propio partido le ha amenazado con abrirle un expediente disciplinario y expulsarlo de la formación por criticar la gestión que el Gobierno de Pedro Sánchez hace de la crisis migratoria en la ciudad. «He recibido amenaza con que se me va a abrir un expediente disciplinario por parte del partido aquí en Ceuta, y que se me va a expulsar», ha revelado, precisando que esas advertencias le han llegado por WhatsApp y correo electrónico, aunque de momento sin ninguna comunicación oficial desde la dirección federal de Ferraz.
León se ha convertido en la primera voz socialista que rompe la disciplina interna para cuestionar abiertamente al Ejecutivo. El diputado sostiene que a los cargos del PSOE en Ceuta se les pidió mantener una línea común con el Gobierno, algo a lo que se niega. «Me han dicho que transmita los mismos mensajes que el Gobierno, pero yo no voy a transmitir un mensaje que es mentira a los ceutíes», ha afirmado. Su principal reproche apunta al delegado del Gobierno y secretario general de los socialistas ceutíes, Miguel Ángel Pérez Triano, cuya dimisión ha reclamado al acusarle de «mirar para otro lado» y de anteponer sus intereses políticos al bienestar de la ciudad.
El desafío ha desatado una guerra abierta en el seno del partido. La tensión no se limita a las palabras: junto al también diputado Sebastián Guerrero, León promovió de forma unilateral y sin el aval de la dirección la remoción de los representantes socialistas en los consejos de administración de las sociedades municipales, un pulso que ha agravado la crisis interna. Desde la cúpula local, el secretario de Organización de los socialistas ceutíes, Antonio Coronil, ha respondido con dureza a los díscolos con un mensaje inequívoco: «Si no quieren estar, que se vayan».
Lejos de rectificar, el diputado ha redoblado su discurso. León, que milita en el PSOE desde los 17 años, ha asegurado estar dispuesto a asumir las consecuencias de su postura. «Si el PSOE quiere tomar represalias contra los que luchamos por la verdad de Ceuta, tendremos que asumir las consecuencias», ha declarado, y ha defendido que un socialista de verdad debe ser crítico y anteponer a los ciudadanos por encima de las siglas. En sus intervenciones ha descrito una situación muy distinta a la que, según denuncia, le exigen transmitir: ha hablado de una ciudad sumida en el caos dieciséis días después del asalto, con un aumento de robos y agresiones, y ha reclamado que salgan de Ceuta todos los que entraron vulnerando la frontera.
El episodio refleja el desgaste que la gestión de la crisis está causando en el PSOE, tanto en su dirección nacional como en la federación ceutí. La disidencia de un cargo socialista que exige la dimisión de un delegado del Gobierno de su propio partido supone un quebranto notable de la disciplina interna y añade un frente más a las dificultades del Ejecutivo para contener el coste político de lo ocurrido en Ceuta.






