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lunes, 18 mayo,2026

Moreno, casero a su pesar

Andalucía no ha querido darle al PP las llaves del piso entero. Moreno tendrá que decidir si comparte vivienda con Vox o monta el espectáculo de pedir abstenciones. Mientras tanto, el PSOE andaluz toca su peor suelo histórico y la izquierda alternativa, ha encontrado su pequeña resurrección de manos de Teresa.

Yo voto en Canarias desde hace  40 años, pero ayer estuve pendiente de tres colegios electorales de la provincia de Sevilla a la vez. En uno entró mi madre de 84 añazos, en otro mis hermanas con mis cuñados, y por el grupo familiar fueron pasando los partes como de romería: que si en este colegio hay cola, que si en aquel hace calor, que si la mesa va lenta, que si el interventor del PSOE es un niño nuevo y es que en mi familia no se conoce la abstención desde 1977. Desde que nos dejaron volver a votar. Mi padre nos lo inculcó, votar era lo más. Y si era a Felipe, mejor todavía. Felipe era una manera de entender el mundo, no solo un nombre en una papeleta. Era el sur que por fin tenía voz, era el obrero que mandaba a sus hijos a la universidad, era la sensación -cierta o no, eso es otra discusión- de que la historia podía, por una vez, ir hacia donde uno la empujaba con un sobre y una urna. Yo crecí con eso. Y no soy el único: media Andalucía creció con eso. Por eso esta noche, estoy aquí.

Quevedo, que sabía de derrotas vestidas de victoria y de victorias con sabor a derrota, escribió aquello de que “lo que llaman fortuna es solo el aplauso que se paga a quien aún no ha caído”. Andalucía votó ayer y le entregó al PP de Juanma Moreno cincuenta y tres escaños -cinco menos que en 2022- insuficientes para gobernar solo.

Vox sube de catorce a quince diputados y, sobre todo, se convierte en segunda fuerza de las derechas. María Jesús Montero, que aterrizó en Sevilla con la misión de devolverle al PSOE andaluz su pulso histórico, se va a Madrid con veintiocho escaños -dos menos que en la legislatura saliente-, a mi me parecen muchos, aunque  es el peor resultado del socialismo andaluz en su historia parlamentaria reciente. Si mi padre levantara la cabeza.

Yo nací en Dos Hermanas -ya lo saben, lo dice Google- ese municipio del cinturón sevillano que durante décadas fue una de las trincheras inexpugnables del socialismo andaluz: el sitio donde salió Sanchez de la mano de Toscano, el sitio donde el PSOE no ganaba, administraba. En 2022 los socialistas todavía sacaban allí trece puntos al PP.  Hoy en 2026, los dos partidos han quedado prácticamente empatados. No es que el PP haya conquistado Dos Hermanas: es que el PSOE ya no la posee. El PSOE pierde el control sobre su propia geografía sentimental -el lugar donde ganaba por defecto, sin tener que pedir el voto, el lugar donde mi padre votaba a Felipe convencido de que el mundo iba en la dirección correcta-, lo que está perdiendo no es una elección: es una manera de entenderse. Si esto pasa en Dos Hermanas, puede pasar en cualquier sitio. Pero no con Sanchez, esto a él no le afecta.

Entonces lo bonito de hoy es que aparece Adelante Andalucía. Que pasa de dos escaños a ocho. Que cuadruplica. Que se ha convertido en la sorpresa de esta noche y en la primera fuerza de la izquierda alternativa, superando a Por Andalucía -que repite como el pepino- y  dejan do claro que la izquierda andaluza tiene conversación propia fuera del paraguas socialista. Y aquí, permítaseme una felicitación que la liturgia electoral suele olvidar: la victoria de Adelante es, sobre todo, la victoria de Teresa Rodríguez. José Ignacio García ha sido el cabeza de cartel, pero el espacio político que anoche cuadruplicó representación lleva años construyéndose por ella. Resucitar la izquierda andalucista desde fuera del PSOE, contra los vientos dominantes del bipartidismo y a contrapelo de Madrid, no se hace en una campaña: se hace con paciencia de los buenos albañiles.

Aquí, en Canarias, llevamos tantas legislaturas haciendo geometría parlamentaria que la mayoría absoluta nos suena a especie en extinción. Andalucía nos confirma que efectivamente lo es.

Pero ahora empieza ahora el número de teatro previsible. Moreno dirá “no necesito a Vox”, Vox dirá “ como que no, prioridad nacional ya”, el PSOE dirá “el PP ha perdido”, y Sánchez encontrará en Andalucía el sermón de embustero que es aunque le costará explicar por qué su propia vicepresidenta es quien ha firmado el peor registro histórico del socialismo en el sur.

Y aquí, en estas islas, el procedimiento se conoce bien. La aritmética siempre obliga: nadie gana del todo, todos pactan con todos, y el ganador electoral acaba dependiendo del tercero más útil. Lo nuevo es ver al PP entrar en ese juego precisamente en el lugar donde había venido a demostrar que no le hacía falta

Casandra avisaba en Troya y nadie le hacía caso. Y pocos escucharon a Casandra Moreno seguirá en San Telmo -eso es seguro-, pero entrará por la puerta principal con la llave en una mano y, en la otra, el teléfono de Abascal.

Desde Canarias, donde el voto autonómico hace mucho que se desnacionalizó, esto se observa con cierta curiosidad antropológica: cuando se mueve Andalucía, se mueve el mapa español entero. Y cuando se mueve el mapa, las periferias -incluida esta- acaban notándolo en cosas tan concretas como el REF, los fondos europeos o nuestra posición en el próximo debate de financiación autonómica. Un PP debilitado en Andalucía y un Vox crecido cambian, aunque sea sutilmente, el equilibrio sobre el que se negocia todo lo demás. Quien crea que esto solo va de Andalucía no ha leído un mapa de España en veinte años. Lo que pasa es que aquí Vox no esta ni se le espera.

La noche, en fin, no entrega un perdedor claro ni un vencedor cómodo. Entrega cuatro fotos a la vez: la del PP andaluz devuelto al pelotón normal de la política española; la del PSOE de Montero confirmando la debacle -y con municipios enteros, como Dos Hermanas, que ya no son feudos sino frentes-; la de Vox consolidado como bisagra obligatoria; y la de una izquierda alternativa, con apellido Rodríguez en la trastienda, que ha encontrado oxígeno donde nadie lo esperaba.

Moreno conserva el cargo. Lo que ha perdido es la soledad. Y en política, como sabía Quevedo y como llevamos tiempo viendo aquí, la soledad del poder es lo único que el poder nunca quiere compartir.

Y ahora me voy a coger un avión.

Juan Inurria
Juan Inurria
Abogado. CEO en Grupo Inurria. Funcionario de carrera de la Administración de Justicia en excedencia. Ha desarrollado actividad política y sindical. Asesor y colaborador en diversos medios de comunicación. Asesor de la Federación Mundial de Periodistas de Turismo. Participa en la formación de futuros abogados. Escritor.

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