El Ministerio de Defensa británico ha confirmado el despliegue del destructor HMS Dragon hacia Oriente Próximo como preparación para una futura misión internacional de protección del transporte marítimo en el estrecho de Ormuz. El buque, actualmente en el Mediterráneo oriental, se reposicionará en la región para poder integrarse de forma inmediata en la coalición liderada conjuntamente por Reino Unido y Francia.
«Podemos confirmar que el Dragon se desplegará en Oriente Próximo para posicionarse antes de cualquier futura misión multinacional de protección del transporte marítimo internacional cuando las condiciones permitan su tránsito por el estrecho de Ormuz», manifestó un portavoz del ministerio británico. La iniciativa responde a lo que Londres califica como «planificación prudente» para garantizar que el Reino Unido esté preparado para actuar cuando cesen las hostilidades.
La decisión de trasladar al Dragon desde el Mediterráneo oriental, donde venía defendiendo las bases británicas en Chipre, permitirá que el destructor contribuya de inmediato si se inicia la misión defensiva en el estrecho. El Gobierno británico considera ahora que Chipre cuenta con la protección suficiente pese a la retirada del buque.
El despliegue se produce en coordinación con Francia, que la semana pasada anunció el envío del portaaviones nuclear Charles de Gaulle hacia el mar Rojo. Ambos países lideran conversaciones internacionales para establecer un esquema de escolta naval a buques comerciales en el estrecho de Ormuz, una ruta vital por la que circula cerca del 20 por ciento del petróleo y el gas natural licuado consumidos a nivel mundial.
La misión propuesta e impulsada por el primer ministro británico, Keir Starmer, y el presidente francés, Emmanuel Macron, involucraría a una coalición de naciones dispuestas a garantizar la libertad de navegación. En abril, representantes militares de 44 países participaron en reuniones organizadas en territorio británico para analizar distintos escenarios de protección marítima y cooperación internacional.
Esta iniciativa franco-británica se diferencia del Proyecto Libertad puesto en marcha por Estados Unidos el pasado domingo, que ya ha provocado fuego iraní y amenazas a la tregua pactada el 8 de abril. El portavoz del Ministerio de Defensa francés, Laurent Vernet, subrayó que el plan franco-británico es de carácter defensivo y acorde con el derecho internacional.
El viernes, las fuerzas estadounidenses atacaron dos petroleros iraníes que intentaban romper el bloqueo impuesto por el presidente Donald Trump, a pesar del frágil alto el fuego en vigor. Este tipo de acciones ha generado tensión sobre la viabilidad de la tregua y la seguridad en la región.
El HMS Dragon es uno de los buques más modernos de la Marina Real británica. Sin embargo, la misión estuvo marcada por dificultades operativas: el destructor tardó varios días en abandonar Portsmouth y posteriormente debió realizar tareas de mantenimiento poco después de llegar al Mediterráneo.
La seguridad del estrecho de Ormuz se ha convertido en uno de los puntos clave del conflicto iniciado el 28 de febrero con los bombardeos israelí-estadounidenses a Irán. La casi obstrucción de esa vía ha causado problemas de suministro de carburante en Asia, penurias para compañías aéreas e inflación en Europa.
El bloqueo del estrecho ha dejado atrapados a unos 2.000 barcos y 20.000 marineros según la Casa Blanca, muchos de los cuales empiezan a quedarse sin alimentos y agua. El precio del barril de Brent rozó los 114 dólares, más del doble que antes del inicio de la guerra.
Alemania también ha comenzado a moverse. Un buque dragaminas de la Marina alemana partió hacia el mar Mediterráneo, donde permanecerá hasta que se concrete su posible participación en una eventual misión para proteger la navegación en el estrecho de Ormuz, informó el ministro de Defensa alemán, Boris Pistorius.
La acumulación de fuerzas militares en torno a Ormuz aumenta el riesgo de incidentes, choques accidentales o escaladas no deseadas. Cada destructor, portaaviones o patrulla aérea que se suma a la región incrementa la presión sobre un escenario ya extremadamente inestable.
La operación franco-británica no se pondrá en marcha hasta que se alcance un acuerdo para la apertura del estrecho entre Estados Unidos e Irán, pero Londres y París quieren reducir los plazos de su puesta en marcha posicionando ya sus activos navales en la zona.







