La ciudad de Islamabad se convierte este fin de semana en el epicentro de la diplomacia mundial con la reanudación de las conversaciones de paz entre Estados Unidos e Irán. La Casa Blanca ha confirmado el envío de una delegación encabezada por Steve Witkoff, enviado especial para Oriente Próximo, y Jared Kushner, yerno del presidente Donald Trump. Por la parte iraní, el ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, llegará a la capital paquistaní tras iniciar una gira regional que busca apoyos internacionales en plena crisis bélica.
Según fuentes oficiales, la reunión ha sido solicitada por las autoridades iraníes con el objetivo de presentar una propuesta formal que detenga el conflicto. Washington, por su parte, condiciona cualquier acuerdo al desmantelamiento del programa nuclear y al cese de las hostilidades en la región, mientras mantiene una presencia militar masiva en el Golfo con tres portaaviones en alerta.
Pakistán, que actúa como mediador clave en este proceso, ha reforzado la seguridad en su capital para garantizar el desarrollo de unas negociaciones que ya vivieron un primer intento fallido a principios de abril. A pesar de los reproches cruzados y las denuncias de violaciones del cese de hostilidades, ambas delegaciones han mostrado su disposición a dialogar cara a cara. La ausencia del vicepresidente J.D. Vance en esta ronda sugiere que Washington prefiere mantener un perfil diplomático técnico hasta que se consoliden avances reales sobre el papel.
El resultado de estas conversaciones es incierto, pero la presencia de figuras tan cercanas a Trump como Kushner y Witkoff subraya la importancia que la administración estadounidense otorga a una resolución negociada. Mientras las tropas israelíes y estadounidenses permanecen en posición de combate, el mundo observa si la diplomacia en suelo paquistaní logra desactivar una escalada que ya ha cumplido 38 días de campaña militar y amenaza con desestabilizar definitivamente el suministro energético global.







