El Papa León XIV celebra este jueves su último acto en suelo africano: una misa de cierre multitudinaria en el estadio de Malabo antes de partir rumbo a Roma poco después del mediodía, poniendo fin a una gira apostólica de once días y más de 18.000 kilómetros a través de cuatro países —Argelia, Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial— que ha dejado mensajes contundentes sobre pobreza, explotación de recursos, dignidad humana y el papel de la Iglesia frente a los poderes políticos del continente.
La jornada de ayer, miércoles, fue sin duda la más intensa y simbólica de toda la visita a Guinea Ecuatorial. El día más ajetreado comenzó a las 8:10 horas cuando el Santo Padre partió desde Malabo hacia Mongomo, donde celebró misa en la Basílica de la Inmaculada Concepción. A las 12:30 visitó la Escuela Tecnológica Papa Francisco y a las 15:10 embarcó de nuevo con destino a Bata, capital política de la nación.
La misa en Mongomo no fue un acto litúrgico ordinario. Tras llegar a la basílica y saludar a los fieles desde el papamóvil, el Santo Padre presidió la celebración eucarística con lecturas y oraciones en varias lenguas locales. Al final de la misa, bendijo la primera piedra de la futura Catedral de Ciudad de la Paz. Un gesto de proyección hacia el futuro en una ciudad que desde el 2 de enero de 2026 ostenta la capitalidad oficial del país.
Fue en Bata, sin embargo, la jornada más emotiva y políticamente cargada. La visita a la prisión de la ciudad —una instalación conocida por sus condiciones precarias y objeto de críticas de organizaciones de derechos humanos debido al hacinamiento, la falta de higiene y el trato inadecuado a los internos— fue uno de los momentos más impactantes del viaje. Con este gesto, León XIV siguió la tradición inaugurada por Francisco de visitar cárceles para recordar a los presos que la Iglesia no los olvida, y para denunciar las condiciones en que viven.
Poco después, a las 17:25 horas, el pontífice rindió homenaje a las víctimas de la explosión del 7 de marzo de 2021 en el monumento conmemorativo de Bata. Las explosiones en un depósito de municiones provocaron más de 100 muertos y unos 600 heridos, una tragedia que marcó de manera indeleble la memoria del país y que nunca ha sido del todo esclarecida. León XIV rezó en silencio ante el memorial, en uno de los momentos de mayor recogimiento de toda la gira.
La jornada cerró con un encuentro multitudinario con los jóvenes y familias en el Estadio de Bata. Tras saludar a los fieles desde el papamóvil, el Santo Padre participó en un encuentro con danzas tradicionales y testimonios de jóvenes, familias y un seminarista, seguido de su discurso, la recitación del Credo, la oración y la bendición final.
El viaje ha tenido desde el primer día un trasfondo político difícil de ignorar. Guinea Ecuatorial está gobernada por Teodoro Obiang Nguema Mbasogo, el presidente más longevo de África, acusado de corrupción y autoritarismo, y el pontífice denunció durante su estancia la «colonización» de los minerales africanos y la «ansia de poder». Al mismo tiempo, León XIV debió mantener un delicado equilibrio: acompañar a la comunidad católica sin asociar su visita al respaldo al Gobierno de Obiang.
Para España, que mantiene lazos históricos, lingüísticos y diplomáticos profundos con Guinea Ecuatorial —la única nación hispanohablante del continente africano—, este viaje ha tenido una dimensión especial. El hecho de que el pontífice haya empleado el español como lengua principal de sus discursos ha reforzado ese vínculo.
Este jueves, la misa de cierre en el Estadio de Malabo pondrá el punto final a once días de un periplo histórico, antes del regreso a Roma. León XIV aterrizará en el Vaticano con el balance de un viaje que ha elevado el perfil del papado en el debate sobre los derechos humanos en el África subsahariana y que será recordado como uno de los más comprometidos y políticamente valientes de su pontificado hasta la fecha.







