La que fuera presidenta de Adif entre 2018 y 2021 ha comparecido este martes en la vista oral que se sigue contra el exministro Ábalos, su asesor Koldo García y el empresario Víctor de Aldama. Durante su testimonio, Pardo de Vera ha desvelado que llegó a trasladarle personalmente al titular del departamento su malestar por la continua presencia del comisionista en la planta noble del Ministerio.
Según ha explicado, era habitual que acudiera a despachar con Ábalos y, al llegar, se encontrara a Koldo García y a Aldama en el despacho ministerial sin que el propio ministro estuviera presente. Aquella situación le resultaba incómoda, según sus propias palabras, por razones de «código ético y profesional». Fue entonces cuando decidió planteárselo directamente a Ábalos, quien justificó la presencia del empresario aludiendo a su amistad con Koldo y restó importancia al asunto con un escueto «ya sabes cómo es». Sin embargo, cuando Pardo de Vera le transmitió que no entendía cuál era el papel de Aldama allí, el ministro reconoció que su presencia «no era normal» y le aseguró que tomaría nota. La testigo ha confirmado que, a partir de ese momento, dejó de ver a Aldama por el Ministerio.
A lo largo de su declaración, Pardo de Vera ha descrito a Koldo García como «el transmisor» del ministro: la persona que gestionaba su agenda y a través de quien había que pasar para llegar hasta Ábalos. Esta función de intermediario tuvo también implicaciones en asuntos más delicados.
Uno de ellos fue la contratación de Jésica Rodríguez, expareja del ministro, en distintas empresas públicas. La expresidenta de Adif ha reconocido que fue ella quien pasó el currículo de la joven a la presidenta de Ineco, la primera empresa pública que la contrató, después de que se lo hicieran llegar desde el gabinete del ministro. Según ha relatado, García le pidió el favor con una frase que quedó grabada en el relato del juicio: «Si no, Jose me corta los huevos».
Pardo de Vera ha precisado que, en aquel momento, desconocía quién era Rodríguez y cuál era su relación con Ábalos. Cuando más tarde se enteró de que mantenía o había mantenido un vínculo sentimental con el ministro, contactó con Koldo para avisar de que el contrato de la joven en Adif iba a llegar a su fin y que su «encaje» era difícil. Ábalos, al ser consultado, respondió con una frase que la testigo ha reproducido ante el tribunal: «Lo que tú hagas, bien estará». Desde ese momento, afirma, no volvió a saber nada de Rodríguez ni supo que acabó siendo contratada por Tragsa.
En lo relativo a la adquisición de mascarillas durante la pandemia —el núcleo central del juicio—, Pardo de Vera ha negado haber recibido instrucciones directas sobre con qué proveedor debía tramitarse la compra. Ha cuestionado así el contenido de una nota interna elaborada por el director del departamento encargado de la operación, Michaux Miranda, en la que se afirmaba haber recibido instrucciones de contratar «con el mismo proveedor que Puertos». Para la expresidenta, ese mensaje o es erróneo o requiere una explicación que va más allá de lo que ella conoce.
Sí ha confirmado, en cambio, que la adquisición de cinco millones de mascarillas respondió a una orden ministerial de emergencia comunicada desde la Secretaría General Técnica, y que fue decisión suya encargar las gestiones a la Dirección General de Gestión de Personas. A preguntas del fiscal anticorrupción Alejandro Luzón sobre si la situación justificaba realmente una compra de emergencia, la testigo ha eludido pronunciarse: «No me corresponde juzgar esto porque es una orden ministerial que prevalece sobre un criterio de Adif».
En cuanto al proceso en sí, Pardo de Vera lo ha defendido sin fisuras. El equipo de Adif redujo los posibles contratistas a dos candidatos tras un proceso de análisis, se firmaron dos contratos de emergencia —uno por cinco millones de unidades y otro por un millón— y el pago se efectuó de forma escalonada conforme llegaba la mercancía. «La gestión fue impecable por parte de Adif», ha subrayado.







