El Comité Olímpico Internacional aprobó su nueva política de protección de la categoría femenina. La norma, que entrará en vigor en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028, establece que solo las mujeres biológicas podrán competir en esa categoría. La elegibilidad se determinará mediante una prueba de detección del gen SRY, presente únicamente en los hombres biológicos, cuyo resultado deberá ser negativo.
La decisión fue adoptada en sesión del Comité Ejecutivo y la firmó Kirsty Coventry, exnadadora zimbabuense que en junio de 2025 se convirtió en la primera mujer y primera persona africana al frente del organismo. Coventry fue directa en su justificación: la evidencia científica es muy clara en que los cromosomas masculinos aportan ventajas de rendimiento en los deportes que dependen de la fuerza, la potencia o la resistencia, y que en los Juegos Olímpicos incluso los márgenes más pequeños pueden marcar la diferencia entre la victoria y la derrota.
La nueva política, bautizada oficialmente como «Política de Protección de la Categoría Femenina en el Deporte Olímpico», reintroduce los exámenes biológicos universales que llevaban suspendidos desde 1999. La prueba se realizará mediante muestras de saliva, hisopado bucal o sangre, es poco invasiva, y salvo que haya motivos para creer que el resultado sea erróneo, solo se realizará una vez en la vida de la deportista.
Las consecuencias son claras. Los atletas transgénero XY y los atletas XY con diferencias en el desarrollo sexual sensibles a los andrógenos quedan excluidos de la categoría femenina, aunque podrán ser incluidos en todas las demás clasificaciones para participar en categorías masculinas. La norma contempla una única excepción: las atletas diagnosticadas con el Síndrome de Insensibilidad Completa a los Andrógenos u otras diferencias extremadamente raras en el desarrollo sexual en las que el cuerpo es completamente incapaz de metabolizar la testosterona sí podrán seguir compitiendo en categoría femenina.
El cambio de criterio es sustancial. Hasta ahora el COI dejaba a cada federación internacional la gestión de estos casos, con regulaciones basadas en niveles hormonales. Ahora unifica el criterio: solo las mujeres biológicas, verificadas a través del test genético, podrán competir en categoría femenina. El COI sigue la senda trazada por World Athletics, que en julio de 2025 implementó el análisis del gen SRY para los campeonatos mundiales de Tokio, y por la Federación Internacional de Esquí y Snowboard, que aprobó regulaciones similares en septiembre de ese mismo año.
El detonante fue París 2024. Las victorias de las boxeadoras Imane Khelif, de Argelia, y Lin Yu-ting, de Taiwán, puesto que ambas habían sido descalificadas del Mundial de 2023 por la federación internacional tras supuestamente fallar pruebas de elegibilidad de género. El caso de la atleta sudafricana Caster Semenya, bicampeona olímpica obligada en 2019 a medicarse para reducir sus niveles naturales de testosterona, también pesó en la reflexión del organismo.
La norma no tendrá carácter retroactivo y no se aplica a programas deportivos de base o recreativos.







