Ayer votó Castilla y León. Gran parte de España estaba pendiente, aunque Sánchez hizo lo imposible por no mirar, tampoco ha ido a ver la última película de Torrente – yo iré esta semana- Que la está petando – como dice mi sobrina- Pero es que Sánchez tiene esa habilidad peculiar y es que ante lo evidente, él ve y escucha otra cosa.
Y es que las urnas llevan diciéndole lo mismo desde hace tiempo: no te queremos. Extremadura, Aragón, y ahora Castilla y León – que tiene 9 provincias oiga- Tres avisos consecutivos. Tres veces que el electorado votó otra cosa que es la contraria que ve Sánchez. Y tres veces que el presidente sacará otra vez su manual de supervivencia. Ese que lo que habla es de pactar con quien sea, ceder lo que haga falta y llamarlo “gobernanza progresista”. El Sanchismo, mientras tanto, no apareció por Castilla y León con propuestas creíbles, solo con eslóganes populistas arrebatados a Podemos. El caso es que salió lo justo, lo imprescindible. Un “no a la guerra”, “un soy español” y un defender a algúna influencer que ha salido con el brazo en cabestrillo por una supuesta agresión. De eso hablaré otro día, que tiene tela.
Ahora sigo con la columna que debo entregar antes de las 20.00 del Domingo y los colegios no han cerrado en Castilla y León. Y no se el reparto de Procuradores como ha quedado. Así que estoy escribiendo sobre hipótesis y parece que gana el partido Feijoo que lleva dos años con cara de presidente en funciones, que gano las generales pero como si no. Aunque parece que la realidad es tozuda y todo apunta a que el PP no gobernará en Castilla y León sin el permiso de Vox. Así fue en 2021, cuando Mañueco necesitó a Abascal para ser investido, y así volvió a ser ayer. Lo de la mayoría propia es un cuento que el PP se cuenta a sí mismo para dormir mejor. Sin Vox no hay gobierno. Como aquella serie de sin tetas no hay paraíso. Punto. Y Feijóo, que tanto habla de centrar al centroderecha, debería explicar cómo piensa gobernar España sin los mismos votos que ahora le resultan incómodos en la foto. Y eso que a Vox lo intentan dinamitar sus propios, pero ahí sigue el tio. Ganando.
Un viejo profesor de Derecho me decía que los juicios que más le preocupaban no eran los que perdía, sino los que ganaba mal. El PP lleva ganando mal desde hace tiempo. Y Mañueco, que es un político curtido con veinticinco años de experiencia en la Junta, lo sabe perfectamente. Y Vox va ganando bien.
Y ahora una dosis de realidad; Sánchez no se va ni se irá. Ni esta semana, ni el mes que viene, ni después de otra derrota autonómica. Este no hay quien lo canse y no tiene vergüenza política en el sentido clásico del término. Lo que tiene es un plan y lo ejecutara para perpetuarse en La Moncloa. Entérense.
Y eso ocurre mientras la alternativa al Sanchismo celebra victorias regionales y se pelea por los sillones autonómicos, él trabaja en silencio lo que mejor sabe hacer: moldear el tablero. Control del relato mediático, legislación hecha a medida, muchos decretos leyes, colocación de afines en instituciones clave. Ladrillo a ladrillo, sin prisa. Cuando lleguen las próximas generales, el escenario estará tan cocinado que muchos votantes ni recordarán por qué estaban enfadados, cabreados y hasta los….del Sanchismo.
Lo llamativo del caso es que este hombre, que pierde elecciones autonómicas una tras otra, tiene más vidas que un gato con médicos de pago. Y Feijóo, mientras tanto, seguirá esperando que Sánchez se caiga solo. Mal asunto. Los que esperan que el otro tropiece para colocarse él, suelen acabar en el suelo primero.
Castilla y León envió ayer un mensaje repetido. Uno solo, claro y sin matices: basta. Lo demás, será mas de lo mismo.
¿O no?







