La directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, ha lanzado este lunes una advertencia inusualmente severa sobre el estado de la economía mundial. Durante una conferencia celebrada en Tokio, Georgieva ha instado a los responsables políticos de todo el planeta a pensar en lo impensable y a prepararse para un escenario de crisis profunda derivado de la inestabilidad en Oriente Próximo. El organismo internacional teme que el recrudecimiento del conflicto bélico acabe provocando una fractura económica de consecuencias impredecibles.
La máxima responsable del FMI ha señalado que el actual entorno global es extremadamente volátil y que los Gobiernos no pueden permitirse el lujo de la complacencia. Según Georgieva, la escalada de las hostilidades ya está impactando en las cadenas de suministro y en los precios de la energía, como demuestra la reciente subida del petróleo Brent por encima de los 107 dólares. La directora ha subrayado que este nuevo orden mundial requiere que los países fortalezcan sus reservas fiscales y diversifiquen sus fuentes de abastecimiento para resistir posibles choques externos de gran magnitud.
En su intervención en la capital nipona, Georgieva ha puesto especial énfasis en la necesidad de una cooperación internacional que parece estar bajo mínimos. El FMI observa con preocupación cómo la fragmentación del comercio y el aumento de las tensiones geopolíticas pueden derivar en una recesión global. El consejo de la directora es claro: los bancos centrales deben mantener la guardia alta frente a la inflación, mientras que los ministerios de Hacienda deben diseñar planes de contingencia para proteger a los sectores más vulnerables ante un eventual parón de la actividad económica.
Este llamamiento a la preparación para lo peor coincide con un momento de máxima incertidumbre en los mercados financieros, que siguen con atención los movimientos en el Golfo Pérsico y las decisiones de las grandes potencias. Las declaraciones de Georgieva en Tokio se suman a las advertencias de otros organismos que ven en la crisis energética actual un riesgo sistémico similar al de las grandes crisis del siglo pasado. La advertencia del FMI busca que los líderes mundiales abandonen el optimismo y comiencen a gestionar la economía bajo la premisa de que los peores pronósticos podrían materializarse en el corto plazo.







