- Publicidad -
Cajasiete
miércoles, 4 marzo,2026

Entre el arancel de Trump y el polvorín de Ormuz

Uno se cansa de ver cómo se repite la historia, aunque ahora el sainete tenga visos de tragedia griega con decorados de desierto. Estamos asistiendo a un espectáculo bochornoso donde el mundo se juega los cuartos —y nosotros la gasolina— mientras los de siempre juegan al Monopoli con pólvora ajena. En el Estrecho de Ormuz, ese embudo por el que pasa media vida nuestra en forma de crudo, se están mascando las consecuencias de una tensión que nos va a salir por un ojo de la cara. Ya verán cómo, en cuanto un ayatolá estornude cerca de un petrolero, aquí nos subirán el litro de 95 como si fuera Vega Sicilia, y a ver quién es el guapo que llena el tanque para ir a trabajar.

Y mientras el polvorín de Oriente Medio amenaza con saltar por los aires, con Irán e Israel en un pulso de soberbia y los Estados Unidos ejerciendo de sheriff global, aquí en nuestra piel de toro seguimos con la lírica de salón. Don Pedro Sánchez, siempre tan impecable de percha como vacío de estrategia real, ha sacado del baúl de los recuerdos aquel «No a la guerra» que tan buenos réditos le dio a su partido hace décadas. Es muy bonito lo de la paz universal y las palomas blancas, pero a Sánchez se le olvida que, en el tablero internacional, si no tienes cartas, acabas siendo el tapete. Se planta en La Moncloa a decir que no teme represalias, como si estuviera dando un discurso en un centro cultural de barrio, ignorando que los misiles no entienden de eslóganes y que la diplomacia del buenismo suele terminar en la irrelevancia más absoluta.

Para rematar la faena, aparece en escena el rubio de la Casa Blanca, ese Donald Trump que no gasta bromas ni conoce la cortesía parlamentaria. Ha dicho, con esa sutileza de martillo hidráulico que le caracteriza, que España es un «aliado terrible». Nos ha despachado con un desplante que escuece, afirmando que no nos necesita para nada y amenazando con aranceles que van a dejar nuestras exportaciones tiritando. Trump es un personaje excesivo, qué duda cabe, pero cuando te señala con el dedo y te dice que no pintas nada en el concierto de las naciones, es que algo hemos hecho rematadamente mal en el Ministerio de Exteriores. Nos quedamos solos, con la gasolina por las nubes, los americanos dándonos la espalda y un Gobierno que cree que con cuatro palabras mágicas se detiene la inflación y se apacigua a los tiranos. Esperaremos, pero… me temo que lo peor está por llegar.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

- Publicidad -spot_img
- Publicidad -spot_img
- Publicidad -spot_img
- Publicidad -spot_img

LECTOR AL HABLA