En la madrugada del 28 de febrero, Estados Unidos e Israel llevaron a cabo una operación militar coordinada contra Irán, que se ha traducido en explosiones reportadas en varias ciudades iraníes y una intensa respuesta de Teherán con misiles y drones dirigidos no solo contra Israel sino también contra intereses y bases estadounidenses en la región del Golfo Pérsico. La ofensiva ha desencadenado un nuevo y grave episodio de violencia en Oriente Medio con implicaciones internacionales.
Los gobiernos de Washington y Tel Aviv justificaron la acción como preventiva, argumentando que buscaban «eliminar amenazas inminentes» derivadas de las capacidades militares y nucleares iraníes. El ataque conjunto se concentró en objetivos militares clave dentro de territorio iraní, incluyendo centros de mando y sitios vinculados con el programa de misiles y proyectiles balísticos.
Desde primeras horas de la mañana se escucharon y se difundieron en redes sociales imágenes de explosiones en Teherán y otras urbes, con columnas de humo elevándose sobre sectores residenciales e industriales de la capital iraní tras los bombardeos. Las autoridades iraníes ordenaron el cierre total de su espacio aéreo, una medida que luego replicó Israel, Irak, Kuwait y Baréin ante la escalada en la zona.
La ofensiva ha tenido efectos colaterales inmediatos: el aeropuerto internacional de Dubái, uno de los más transitados del mundo, suspendió sus operaciones por seguridad y por el cierre de los cielos, interrumpiendo las conexiones globales y forzando desvíos de rutas de aerolíneas internacionales.
La República Islámica respondió de forma contundente. Las autoridades iraníes ordenaron el lanzamiento de una serie de misiles balísticos y vehículos no tripulados contra múltiples objetivos, entre ellos bases militares estadounidenses ubicadas en Catar, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Bahrein, así como instalaciones militares en Arabia Saudí y Kuwait.
Varios estados del Golfo —donde EE.UU. tiene presencia militar— han reportado intercepciones de misiles por parte de sus defensas aéreas. En Abu Dhabi, la capital de los Emiratos Árabes Unidos, se confirmó al menos una víctima mortal en un área residencial tras la caída de restos de un proyectil interceptado.
Además de Israel, que también habría sufrido impactos y activado sus sistemas de defensa, Irán afirmó que continuará su operación hasta que considere que el «enemigo sea derrotado». Este nivel de retórica y el alcance de los ataques representan uno de los momentos de mayor escalada militar entre Irán y sus adversarios en décadas.
Los principales centros de aviación internacional se han visto forzados a suspender rutas hacia Oriente Medio debido al cierre del espacio aéreo y a la incertidumbre sobre la seguridad de los vuelos. Las industrias del transporte aéreo y la logística global están evaluando aumentos de costos y retrasos prolongados como consecuencia de esta crisis.
Estados de la región clásicos aliados de Occidente han hecho llamados públicos a la desescalada y a la solución diplomática, aunque las acciones militares de las últimas horas auguran una fase de enfrentamientos más amplia y de consecuencias impredecibles.







