El arranque de 2026 ha traído consigo una de las misivas más reveladoras de Pedro Sánchez a su militancia. En una situación marcada por una fragmentación parlamentaria que muchos analistas consideran ya insostenible y con el eco de la crisis internacional resonando en cada párrafo, el presidente del Gobierno ha remitido una carta a los afiliados del PSOE que funciona, a partes iguales, como arenga emocional y como escudo frente a las voces críticas que emergen desde sus propias filas.
Sánchez no oculta que el panorama es agridulce. El texto reconoce abiertamente que existe un sector del progresismo que ha comprado la narrativa de la derrota, admitiendo que la actual aritmética parlamentaria es de una complejidad extrema. Sin embargo, lejos de la autocrítica por la parálisis legislativa que denuncian la oposición y algunos socios, el líder socialista opta por el choque ideológico directo. Sitúa a España como el último gran bastión frente a una internacional ultraderechista que, según sus palabras, busca el desmantelamiento del Estado del Bienestar y la ley del más fuerte.
La carta destila un tono de resistencia numantina. Al invocar el principio de la esperanza de Ernst Bloch, Sánchez eleva la supervivencia de su Ejecutivo a la categoría de deber moral. Es una respuesta directa a quienes, dentro y fuera del partido, sugieren que la legislatura está agotada. El presidente asegura que no va a tirar la toalla ni a renunciar a culminar su mandato, blindándose en unos resultados económicos que califica como los mejores de la historia democrática, a pesar de que la percepción de precariedad y el encarecimiento de la vida siguen protagonizando el debate en la calle.
En política exterior, Sánchez busca un equilibrio. Condena lo que ocurre en Venezuela y menciona las guerras en Ucrania y Palestina para justificar que España necesita un Gobierno que defienda la paz y las normas internacionales. Con esto, quiere dar la imagen de que España es el principal freno contra el avance de la derecha y la ultraderecha en Europa.
Sin embargo, el artículo de Sánchez deja preguntas en el aire que la militancia más escéptica empieza a formularse en voz alta. ¿Es suficiente el relato del miedo a la derecha para sostener una legislatura de «gestión lenta»? Al pedir a los suyos cabeza alta y determinación, el secretario general del PSOE no solo busca unidad, sino también acallar el murmullo de aquellos que ven en la actual gobernabilidad un camino de desgaste difícil de revertir. 2026 se presenta así no como un año de consolidación, sino como una batalla de resistencia donde el optimismo oficialista choca frontalmente con una realidad parlamentaria que no entiende de principios filosóficos, sino de votos.







