Telefónica, el gigante español de las telecomunicaciones, ha marcado este miércoles un punto de inflexión en su historia financiera al anunciar su salida voluntaria de la Bolsa de Nueva York (NYSE). La operadora, que en 1987 hizo historia al convertirse en la primera empresa española en cotizar en Wall Street, ha comunicado a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) su intención de excluir sus acciones y varios instrumentos de deuda del parqué estadounidense.
La decisión, que se formalizará ante la SEC en las próximas semanas, responde a una estrategia de simplificación operativa y reducción de costes enmarcada en su nuevo Plan Estratégico. Mantener la doble cotización acarrea unas exigencias regulatorias y administrativas «extremadamente elevadas» que, según fuentes de la compañía, ya no se ven compensadas por el volumen de negociación en Estados Unidos, el cual apenas representa un pequeño porcentaje en comparación con el mercado español.
Para aquellos accionistas que poseen los llamados American Depositary Receipts (ADR) —los certificados que permiten negociar acciones de empresas extranjeras en EE. UU.—, la compañía ha diseñado una hoja de ruta clara:
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Canje por acciones ordinarias: Los titulares podrán intercambiar sus ADR por acciones ordinarias que cotizan en las Bolsas de Valores españolas (Madrid, Barcelona, Bilbao y Valencia), que se consolidan como el mercado principal y de referencia.
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Mercado extrabursátil (OTC): Para quienes prefieran no realizar el canje, Telefónica convertirá su programa actual en uno de «Nivel I», facilitando que los títulos sigan negociándose en mercados no regulados estadounidenses de forma simplificada.
Este movimiento no es un hecho aislado. La exclusión de Nueva York se suma a la intención de hacer lo propio en la Bolsa de Valores de Lima (BVL), lo que evidencia un repliegue bursátil para concentrar la liquidez en España. Los analistas coinciden en que este paso no afectará a la solvencia ni a la presencia comercial de la compañía en el continente americano, donde mantiene activos clave en Brasil, pero sí supone un alivio significativo en la carga burocrática del grupo.
Con este adiós a la «Gran Manzana», Telefónica cierra un capítulo de casi cuatro décadas de proyección internacional en la capital financiera del mundo, priorizando la eficiencia y la transparencia desde su sede en el Distrito Telefónica de Madrid.







