En el marco de la cumbre entre la Unión Europea y los Balcanes Occidentales celebrada en Bruselas, la presidenta de Kosovo, Vjosa Osmani, ha lanzado una contundente advertencia sobre la fragilidad de la paz en la región. Según la mandataria, el escenario de seguridad en el sureste de Europa ha experimentado un deterioro alarmante desde el estallido de la guerra en Ucrania, un conflicto que ha envalentonado las ambiciones desestabilizadoras de Rusia en el continente.
Osmani denunció que Moscú está utilizando a los Balcanes como un tablero secundario para su ofensiva, triplicando la inversión en propaganda y desinformación desde la invasión de 2022. En su comparecencia, la presidenta fue tajante al señalar a Serbia como el «intermediario» necesario de los planes del Kremlin para provocar un efecto contagio en la zona, criticando la falta de alineamiento de Belgrado con las sanciones y políticas de la Unión Europea.
Ante esta amenaza híbrida, la líder kosovar defendió que la única respuesta eficaz es una ampliación comunitaria acelerada. Para Osmani, la integración de los Balcanes Occidentales no es solo una cuestión de reformas internas, sino una necesidad geoestratégica: cuanto más rápido avance el bloque hacia la UE, más claro será el «fracaso de Rusia» en sus intentos de desestabilización.
La cumbre, marcada por la ausencia del presidente serbio Aleksandar Vucic, ha servido a Kosovo para reclamar también el levantamiento de las medidas punitivas que la UE aún mantiene sobre Pristina. Osmani insistió en que «abrir las puertas» a quienes no comparten los valores europeos —en alusión a Serbia— dañaría el proyecto de una Europa libre y en paz, subrayando que la estabilidad regional depende directamente de un compromiso firme y sin fisuras con Bruselas y Washington.







