lunes, 10 agosto,2026

Una vaquita para contratar seguridad privada y defender a España

Llevamos más de una semana hablando de lo mismo: Ceuta y la invasión. He preferido callarme y observar, que a veces conviene. He permanecido unos días callado en redes y radios y teles, para que descanséis. Yo también.

Y arranco por lo que más me ha llamado la atención de estos días, que no ha sido la valla, ni el espigón, ni las declaraciones histriónicas del ínclito Marlaska, sino un dato mucho más humillante: cuando alguien de fuera, sin llave de tu casa ni asiento en tu mesa, tiene que pararse en la puerta a decirte que hace tiempo que no barres, que las telarañas te llegan al techo y que se han  colado extraños y mucha gentuza por la puerta principal, ya ni usan la ventana, el resultado de esto no admite mucho debate. En tu casa pasa algo, y grave. Cada vez más grave.

La secuencia, para quienes estos días andan todos pendientes de la sombrilla y de levantarse a las seis de la mañana para pillar la mejor plaza en la piscina -que quien esto firma sigue en su despacho, porque los juzgados en agosto no cierran, por mucho que algún cateto ignorante pregunte al verte trabajar que como es eso si los juzgados están cerrados….y si es que no te vas de vacaciones-, pero es lo que hay, cada vez más necios. Importa la toalla y el aparcamiento. Lo demás es cosa de otros. Pero no es así la realidad,  esta pasada semana un informe del Departamento de Seguridad Nacional norteamericano describía, a Ceuta y Melilla como territorio marroquí. Y un tipo que se llama Tommy  que es, portavoz del Departamento de Estado, ha dicho: «Estados Unidos apoya inequívocamente la soberanía de España sobre Ceuta y Melilla».

Pero ¿Sánchez estará conforme?. Pues este tal Tommy cargó contra el y dijo, que la avalancha migratoria sobre Ceuta era culpa del propio Gobierno de Sánchez, por renunciar a defender la soberanía, cerrar las fronteras y proteger a los suyos. Vergonzoso fue el adjetivo elegido.

Por defecto profesional os tengo que decir que si el propio Estado renuncia a ejercer las competencias que el artículo 149.1.4 de la Constitución le reserva en materia de Defensa, y las que el Reglamento (UE) 2016/399 -Código de fronteras Schengen- le impone en materia de control de fronteras exteriores, no es que ceda soberanía; es que la abandona, la deja a la intemperie y eso es  dejadez. Y la soberanía abandonada por dejadez -lo sabe cualquier abogado que haya visto perderse una servidumbre por no uso- tarda menos en discutirse que en recuperarse.

Mientras un despacho de Washington nos dicta la clase magistral, en la Península ardían 222.404 hectáreas. En el espigón del Tarajal, la marea seguía devolviendo cadáveres -cerca de ciento cuarenta hasta el cierre de esta columna-. En Ceuta capital, 72.000 personas cruzaban una frontera que ya casi da apuro pronunciar. Y en Costa Teguise, provincia de Las Palmas, isla de Lanzarote -conviene precisar, para los lectores peninsulares-, el presidente del Gobierno se pega un buceo con su señora esposa. En La Mareta. Villa lanzaroteña regalada en su día por el rey Hussein de Jordania al rey Juan Carlos y se la birlaron para ser hoy   propiedad del Patrimonio Nacional y, para el uso presidencial, mantenida con 75.000 euros anuales -no es tanto si lo comparas con los 25 millones para los MENAS- que no pagan Pedro ni Begoña, sino usted y yo, contribuyentes de la subespecie canaria que ya bastante hacemos financiando a media Península con el REF. Añado -queridos- La Mareta la  diseñó César Manrique para un rey extranjero que este regalo a un rey que ya no lo es, para que la disfrute hoy uno que se cree rey.

Y en Marivent, silencio. Felipe VI, encerrado entre posados, audiencias protocolarias y bolsas de papel con libros de fotos para viejos regatistas, prometió al presidente Juan Jesús Vivas visitar Ceuta «cuando fuera oportuno». Y ese «cuando»  lo dicta Sánchez, no La Zarzuela.

Me permitirán la digresión del oficio mío, al que quiero tanto. El artículo 56 de la misma Constitucion que mencione antes,  hace del Rey «símbolo de la unidad y permanencia del Estado» y le atribuye «arbitrar y moderar el funcionamiento regular de las instituciones». Traducción para neófitos: si arde España, se desborda una ciudad autónoma y encima tiene que venir un despacho americano a darnos clase de geografía, el Rey no tiene derecho a estar en Ceuta; tiene deber institucional de estarlo, eso lo digo yo, abogado de provincias o “cuñao” según mis seguidores de redes.  Cuando el Gobierno le impone -vía refrendo del artículo 64, esa figura que tantos confunden con permiso- la fecha, el modo y hasta el grado de «coordinación absoluta» de la visita, no está protegiendo la Corona. La está sujetando. Eso ya no es arbitrar. Es tutela. Según las pelis de cine de barrio, un señor calzonazos. Que pena.

Y aquí, me permito, una arrogante propuesta. Puesto que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, a los la Constitución,  encomienda «proteger el libre ejercicio de los derechos y libertades y garantizar la seguridad ciudadana», no reciben del Sanchismo la orden de hacer aquello para lo que la Constitución las creó; puesto que a las Fuerzas Armadas les manda «garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional», tampoco reciben la orden de bajar a la valla; y puesto que la Ministra Robles,  prefiere la playa a la responsabilidad, va siendo hora de que los españoles empecemos a organizar una vaquita entre paisanos para contratar seguridad privada que defienda lo que el Estado ya no defiende.

Habrá quien lea esto y sonría, pues tengan en cuenta que  la Ley 5/2014, de 4 de abril, de Seguridad Privada, configura a este sector, como servicio complementario y subordinado de la seguridad pública. Es decir, como auxilio, no como sustituto. Y si el  titular abandona el puesto -cuando bucear es mas importante que defender Ceuta— la subordinación se convierte, por pura lógica jurídica, en herencia yacente: alguien tiene que ocuparse del solar hasta que aparezca un heredero con vergüenza. Y si en Ceuta los propios vecinos musulmanes tienen ya que echar a palos a los invitados imprevistos de sus salones -según ha ido publicando la prensa nacional-, es porque el Estado ha dimitido de facto. Ya lo advirtió Cicerón en De Legibus: salus populi suprema lex esto. La salvación del pueblo debe ser la ley suprema. Y cuando la ley suprema la abandona el legislador, otro tendrá que recogerla del suelo.

Porque esto, señores, y con esto acabo – que llevo una semana sin escribir-  ya no admite eufemismos. Ni presión migratoria, ni situación excepcional, ni crisis humanitaria de origen sistémico. Es una invasión consentida por quien tiene el deber constitucional de impedirla. Y la palabra invasión no la invento yo: la usa el Departamento de Estado americano, la usan los vecinos de Ceuta, la usan los guardias civiles que reclaman refuerzos que no llegan. La usa todo el mundo menos aquel a quien más le urge no usarla, porque si la usara, tendría que hacer algo con ella, como ha hecho algún que otro concejal Sanchista.

Nos leemos la semana que viene, si me da por escribir, que es agosto.

Juan Inurria
Juan Inurria
Abogado. CEO en Grupo Inurria. Funcionario de carrera de la Administración de Justicia en excedencia. Ha desarrollado actividad política y sindical. Asesor y colaborador en diversos medios de comunicación. Asesor de la Federación Mundial de Periodistas de Turismo. Participa en la formación de futuros abogados. Escritor.
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