Si el desempleo y la pobreza reflejan las consecuencias sociales del modelo económico canario, la estructura productiva explica buena parte de sus causas.
La economía del Archipiélago se ha convertido en una de las más terciarizadas de Europa, con un peso abrumador del sector servicios y una presencia cada vez menor de la industria.
Los datos son elocuentes. En torno al 85,6% del valor añadido bruto de Canarias procede del sector servicios, una proporción que sitúa al Archipiélago entre las economías más dependientes de este sector dentro del conjunto de las regiones ultraperiféricas de la Unión Europea.
El predominio del turismo y de las actividades asociadas al consumo de visitantes ha sido durante décadas el principal motor económico de las Islas. Sin embargo, esa especialización también ha generado un modelo productivo con escasa diversificación y vulnerable a las crisis externas.
El retroceso industrial
El peso de la industria en Canarias es reducido y, además, ha disminuido de forma significativa en las últimas décadas. Dentro del sector secundario, la industria manufacturera apenas representa alrededor del 2,8% del PIB regional, una de las cifras más bajas entre las regiones ultraperiféricas europeas.
Este retroceso no es exclusivo del Archipiélago. En muchas economías desarrolladas la industria ha perdido peso relativo frente al sector servicios. Sin embargo, en Canarias el proceso ha sido particularmente intenso.
Desde comienzos de siglo, la participación del sector secundario en la economía canaria se ha reducido en torno a un 30%, reflejando una tendencia sostenida hacia la terciarización.
La consecuencia es una economía con menor capacidad para generar actividades de alto valor añadido y empleo cualificado.
Una especialización arriesgada
El turismo es, sin duda, uno de los grandes activos del Archipiélago. Canarias recibe cada año millones de visitantes y el sector genera una parte sustancial del empleo y de la riqueza regional.
Pero una economía excesivamente especializada también implica riesgos. Las crisis económicas internacionales, los cambios en los hábitos de consumo o los acontecimientos geopolíticos pueden afectar de forma inmediata al flujo turístico.
La pandemia de 2020 fue el ejemplo más claro. La paralización casi total del turismo internacional provocó una caída abrupta de la actividad económica y evidenció hasta qué punto el Archipiélago depende de un único motor económico.
En economías más diversificadas, los efectos de este tipo de crisis suelen ser amortiguados por la presencia de sectores industriales o tecnológicos capaces de sostener parte de la actividad.
El peso del sector público
Otro rasgo relevante de la estructura económica de las regiones ultraperiféricas es el papel del sector público. En muchas de ellas, la administración y los servicios públicos representan una parte significativa de la actividad económica.
En Canarias, el sector público supone aproximadamente el 21,9% del valor añadido bruto, una proporción inferior a la de otras regiones ultraperiféricas, donde en algunos casos supera el 35% o incluso el 50%.
Este menor peso relativo refleja una economía más orientada al mercado que la de algunos territorios franceses de ultramar. Sin embargo, también pone de manifiesto que el crecimiento económico depende en gran medida de la evolución del sector turístico.
La estructura productiva condiciona directamente los niveles de productividad y, en consecuencia, los salarios. Las economías con mayor peso industrial o tecnológico tienden a generar mayor valor añadido por trabajador.
En Canarias, el predominio de actividades de servicios intensivas en mano de obra limita la capacidad de elevar la productividad media.
Esto se traduce en salarios más bajos y en mayores dificultades para retener talento o atraer actividades económicas más avanzadas.
El desafío de diversificar
Diversificar la economía es uno de los objetivos que se repite en los debates económicos del Archipiélago desde hace décadas. Sin embargo, los avances en ese terreno han sido limitados.
El desarrollo de sectores como la economía digital, las energías renovables, la investigación científica o la economía azul aparece con frecuencia en las estrategias de desarrollo regional. La cuestión es si esos sectores podrán adquirir un peso suficiente para alterar el actual equilibrio productivo.
Lo que muestran los datos es que, por ahora, la economía canaria sigue apoyándose casi exclusivamente en el sector servicios.
La terciarización extrema no implica necesariamente un fracaso económico. Hay economías altamente desarrolladas con un gran peso del sector servicios. La diferencia radica en el tipo de servicios que predominan.
Mientras algunas regiones se especializan en servicios financieros, tecnológicos o profesionales de alto valor añadido, Canarias continúa dependiendo en gran medida de actividades vinculadas al turismo y al consumo.
El reto para la próxima década será determinar si el Archipiélago es capaz de evolucionar hacia un modelo más diversificado o si seguirá dependiendo de un único motor económico. Como muestran los datos, la estructura productiva no solo define cómo crece una economía, sino también qué tipo de sociedad es capaz de sostener.







