Mientras Nemesio nos revienta el Teide, aparece en la costa tinerfeña el pez diablo, que a mí me resulta hermosísimo, pero cualquiera mete los huevos en el agua, con esos dientes. Con un chasquido te deja cerce. Yo digo que el pez está entre Delcy Rodríguez y Diosdado Cabello. Yo creo que es más feo Diosdado Cabello. Pero ese pez diablo no es sino una mutación de un mero que merodeaba la Montaña de la Mierda, se comió la peste que desprende la propia mierda y se volvió diablo del todo y va y engaña a los científicos. Yo creo en la belleza de la fealdad y ese pez es hermosísimo, aunque no sé si el palito que le sobresale es un ojo y entonces ya no se le podría llamar guapo, como el chotis del maestro Estany Cabrera, paz descanse. Hay una suerte de catastrofistas por esta isla, que revientan el Teide y hablan con ligereza de un asteroide que tiene el 2,2% (antes era el 1,9%) de posibilidades de impactar con la Tierra, mayormente en el mar, pero, coño, no asusten al personal, que bastante tiene ya con la Agencia Tributaria, que se encuentra en el ojo del pertinaz abogado José Luis Machado, como informamos oportunamente en otro lugar de este número, como se decía antes cuando los periódicos eran de papel. Como la casita. Es malo ser catastrofista, porque aunque no lo sea prever, sí lo es exagerar con reventones y rocas voladoras, sobre todo sin tener la información suficiente. Ya dije, no sé dónde, que lo que sí hay que tener a mano siempre es un paquete de velas La Maga y otros de pilas doble y triple A, con linterna, claro, porque las pilas solas no dan luz. Y agua embotellada.
Un mundo de asustadizos
