El miércoles será un miércoles cualquiera cuando Sánchez dé explicaciones en el Congreso sobre la corrupción en su partido. ¿Saben por qué? Porque Sánchez es un caradura institucional, un sicópata que no acepta sino su realidad de poder. Porque tampoco es consciente de que hace el ridículo permaneciendo en él cuando su mujer, su hermano, sus compañeros, altos dirigentes de su partido, y hasta un miembro de su Gabinete en La Moncloa, están o investigados, o señalados, o preso uno de ellos, o a punto de entrar varios más en la mazmorra. Es decir, casi todos son presuntos delincuentes, incluida su propia esposa y su propio hermano. Eso a Sánchez, en su enfermedad, le da igual. Le da igual, incluso, partir en pedazos España con tal de permanecer en el poder, pactando con etarras y con independentistas. Sánchez es un perturbado que dirige un país europeo y parece mentira que un país de la UE pueda ser dirigido por un perturbado y por un mentiroso compulsivo. Pero España y yo somos así, señora. La frase no es mía, sino que Eduardo Marquina, el autor de “En Flandes se ha puesto el sol”, la pone en boca del capitán Diego de Acuña, en el segundo acto de su obra, que yo vi hace muchos años representar en Madrid. Fue una de las obras teatrales magistrales de la épica española. El capitán lo ha dejado todo por amor. Sánchez lo supedita todo a su permanencia en el poder, porque se ha acostumbrado a él y ya no puede vivir sin él. Incluso en su discurso del comité federal de la burla se permite decir que ha ganado las elecciones. Nunca ha ganado unas elecciones y hasta en las primarias de su partido hizo trampas para salir elegido candidato. Sánchez no es más que un fraude en sí mismo, que se atrevió hasta a falsificar su tesis doctoral y a firmar con su nombre libros escritos por negros, pero el miércoles para él será un miércoles normal, porque volverá a mentir en el Congreso y volverá a echar la culpa de los males de España a la derecha. Y los diputados, incluso los de Castilla-La Mancha, le aplaudirán desde sus escaños. Porque lo que ha hecho Page son gestos, pero no ha animado a sus diputados a que rompan la disciplina de un partido corrupto y a la deriva. O sea, más de lo mismo. Lo que ocurre es que hay papeles pendientes que se van a conocer pronto. Y cuando se conozcan, a lo mejor el agujero de escape se va a hacer tan estrecho que Sánchez no va a caber por él, a pesar de su extrema delgadez. Porque todo este tinglado de corrupción tiene que tener un jefe. Y yo me imagino quién es. ¿Y ustedes?
viernes, 16 enero,2026







