Las fuerzas ucranianas han ejecutado un ataque estratégico contra la planta de maquinaria de Votkinsk, en la región rusa de Udmurtia, centro neurálgico de la producción de los misiles balísticos hipersónicos Oréshnik. La operación, confirmada por fuentes de inteligencia y canales locales de información, supone un nuevo salto en la capacidad de alcance de Kiev, al situarse el objetivo a unos 1.500 kilómetros de la frontera ucraniana y a 1.000 kilómetros al este de Moscú.
El Ministerio de Sanidad local ha informado de que al menos once personas han resultado heridas como consecuencia de las explosiones, de las cuales tres han requerido hospitalización y una se encuentra en estado grave. Según los datos recopilados por el canal de Telegram Astra y el portal Meduza, el ataque habría afectado directamente a dos de los talleres de ensamblaje final de la planta, los números 22 y 36. Los residentes de la zona han difundido imágenes que muestran un incendio de grandes dimensiones en el recinto industrial y daños en edificios civiles cercanos provocados por la onda expansiva.
Existe una discrepancia técnica sobre el armamento utilizado en la incursión. Mientras que el gobernador de Udmurtia, Alexandr Brechálov, ha atribuido los daños al impacto de drones de ala fija, fuentes militares ucranianas y analistas de OSINT sugieren que el ataque podría haber sido perpetrado con misiles de crucero de fabricación nacional denominados Flamingo. De confirmarse el uso de estos misiles, se trataría de uno de los golpes más profundos realizados con tecnología propia en territorio ruso, superando los límites habituales de la flota de drones de largo alcance.
La fábrica de Votkinsk es una pieza fundamental del complejo militar-industrial de Rusia. Además del sistema Oréshnik, que Moscú ha presentado recientemente como una de sus armas más avanzadas e indetectables, la planta produce los misiles balísticos Iskander y los intercontinentales Tópol-M y Yars. Debido a su importancia estratégica para el suministro de armamento en el frente, la instalación ya figuraba en la lista de entidades sancionadas por la Unión Europea y Estados Unidos, convirtiéndose ahora en un objetivo prioritario para debilitar la logística de misiles de largo alcance del Kremlin.







