Donald Trump, y el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, se han reunido este lunes en la residencia de Mar-a-Lago para desbloquear la hoja de ruta en Oriente Próximo. El encuentro, el quinto entre ambos líderes en este año que finaliza, ha servido para certificar que Washington y Tel Aviv no aceptarán el paso a la segunda fase del plan de paz sin un desarme total y efectivo de Hamás.
Aunque la primera fase del acuerdo —que incluyó el intercambio de rehenes y una tregua parcial— permitió un alivio relativo en los combates, el proceso se encuentra estancado ante la negativa del grupo islamista a entregar su arsenal. Trump, con su habitual estilo directo, ha advertido a la milicia de que el tiempo se agota: si no deponen las armas en un periodo muy corto, pagarán un precio muy alto.
El presidente estadounidense ha insistido en que Israel ha cumplido al cien por cien su parte del trato y ha restado importancia a las fricciones internas sobre la gestión de la seguridad en la frontera. El objetivo de la administración Trump es ambicioso: establecer en enero un gobierno de tecnócratas palestinos que sustituya a Hamás, apoyado por una fuerza internacional de estabilización que supervise la desmilitarización de la Franja.
Por su parte, Netanyahu ha devuelto los elogios a su anfitrión, calificándolo como el mejor amigo que Israel ha tenido nunca en la Casa Blanca. El mandatario israelí busca garantías de que la reconstrucción de Gaza no comience hasta que la amenaza militar de Hamás sea neutralizada, una postura que Trump ha respaldado públicamente al vincular la paz duradera con la desaparición de la infraestructura terrorista.
Más allá de Gaza, la reunión ha servido para coordinar posiciones frente a Teherán. Ambos líderes han abordado la posibilidad de acciones militares contra el programa nuclear y de misiles balísticos de Irán si el régimen persiste en su rearme. Trump ha sido tajante al afirmar que detendrán cualquier intento iraní de reconstruir su capacidad ofensiva, subrayando que la estabilidad de la región depende de mantener la presión máxima sobre el eje liderado por la República Islámica.







