La tensión entre Washington y Londres ha alcanzado un nuevo máximo este domingo tras una conversación telefónica entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el primer ministro británico, Keir Starmer. El contacto, confirmado por Downing Street, tenía como objetivo limar asperezas y tratar la cooperación militar en las bases de la Real Fuerza Aérea (RAF). La llamada se ha producido apenas horas después de que Trump humillara públicamente al Reino Unido al rechazar la oferta de Londres de enviar dos portaaviones a Oriente Próximo, alegando que su intervención llega demasiado tarde porque el conflicto con Irán ya está decidido.
A través de su red social Truth Social, el mandatario estadounidense ha cuestionado la relevancia actual del Reino Unido, al que describió como un país que una vez fue el mayor aliado de Estados Unidos pero que ahora actúa con lentitud. Trump ha censurado que Starmer esté pensando seriamente en desplegar sus portaaeronaves cuando, según su análisis, la cúpula militar y política de Teherán ya ha sido desarticulada. No necesitamos a gente que se una a las guerras después de que ya las hayamos ganado, sentenció el presidente, quien también ha reprochado al líder laborista su inicial reticencia a permitir el uso de las bases británicas para operaciones ofensivas.
Durante la llamada, Starmer ha intentado reconducir la relación especial trasladando a Trump sus condolencias por la muerte de seis soldados estadounidenses en ataques de represalia iraníes. El primer ministro británico ha defendido que el uso de las bases de la RAF —como las de Fairford y Diego García— se mantiene bajo el marco de la autodefensa colectiva para proteger a los socios regionales. No obstante, el Gobierno británico sigue negándose a participar formalmente en la ofensiva directa, limitándose a labores de interceptación de drones y defensa de infraestructuras, una postura que Trump ha calificado de decepcionante en comparación con el liderazgo histórico del país.
La ministra británica de Exteriores, Yvette Cooper, ha tratado de rebajar tensiones subrayando que el Reino Unido no subcontrata su política exterior y que es natural que existan discrepancias con Washington. A pesar de los intentos de Londres por mostrarse como un socio útil, el desdén mostrado por Trump evidencia una fractura en la alianza trasatlántica.







