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martes, 24 febrero,2026

Tenerife refuerza su escudo volcánico ante la preocupación por los continuos enjambres

Tenerife vive bajo la memoria reciente de dos nombres propios: El Hierro (2011) y La Palma (2021). Desde entonces, cada enjambre sísmico se interpreta con una mezcla de atención científica y nerviosismo social.

En ese contexto, el Cabildo de Tenerife ha reunido a los 31 ayuntamientos de la isla para trasladar de primera mano la situación actual y, sobre todo, para reforzar la coordinación institucional ante los episodios sísmicos que se vienen registrando desde el pasado 7 de febrero.

La cita se celebró en el marco del Plan Especial de Protección Civil y Atención de Emergencias por Riesgo Volcánico (PEVOLCA) y reunió a responsables políticos y técnicos junto al equipo científico que monitoriza la actividad volcánica en Canarias. El mensaje central fue claro: serenidad, rigor y preparación.

Cinco enjambres y vigilancia constante

Desde comienzos de febrero se han detectado cinco enjambres sísmicos, concentrados principalmente en la zona de Las Cañadas.

Según las conclusiones consensuadas del Comité Científico del PEVOLCA —integrado por el Instituto Geográfico Nacional (IGN) y el Instituto Volcanológico de Canarias (INVOLCAN)—, no existe en este momento un aumento claro de la probabilidad de actividad volcánica a corto o medio plazo.

El matiz es importante. Canarias es un territorio volcánicamente activo y Tenerife no es una excepción. La diferencia respecto a décadas anteriores es el nivel de instrumentación: hoy la isla dispone de una red de vigilancia mucho más sofisticada, con sensores sísmicos, geoquímicos y geodésicos capaces de detectar variaciones mínimas en tiempo real. Hay más datos que nunca, y también más transparencia en su difusión pública.

El problema es que más información no siempre significa más calma. Las redes sociales amplifican cualquier señal y convierten cada episodio sísmico en tendencia. De ahí que desde el Cabildo se haya insistido en la necesidad de evitar bulos y alarmismos, y de canalizar la información exclusivamente a través de fuentes oficiales y científicas

Preparar no es alarmar

Uno de los ejes del encuentro fue recordar que la preparación no implica que exista una erupción inminente. Significa, simplemente, que la administración trabaja con escenarios posibles.

En los últimos años, la experiencia acumulada en otras islas ha cambiado la cultura institucional en materia de emergencias. El simulacro de erupción realizado en Garachico permitió detectar fallos operativos y mejorar protocolos. Ahora se prepara un nuevo ejercicio para finales de octubre o principios de noviembre en Guía de Isora y Santiago del Teide, municipios con antecedentes históricos de actividad volcánica.

La lógica es sencilla: cuanto más se ensaye en tiempos de normalidad, menos improvisación habrá en caso de crisis real.

Los PEMU, la pieza clave en el engranaje local

Más allá del seguimiento científico, el foco se ha puesto en la estructura municipal. El Cabildo firmará próximamente un convenio con la Federación Canaria de Municipios (FECAM) para prestar apoyo técnico a los municipios de menos de 50.000 habitantes en la redacción y actualización de sus Planes de Emergencia Municipal (PEMU).

Estos planes son la herramienta básica ante cualquier emergencia: establecen rutas de evacuación, análisis de vulnerabilidad, protocolos de actuación y coordinación con servicios esenciales. Durante los próximos meses se actualizarán al menos diez en la isla, incluyendo municipios del norte y del oeste con mayor exposición histórica al riesgo volcánico.

En la práctica, el objetivo es que todos los ayuntamientos —grandes y pequeños— cuenten con documentos operativos reales, no con planes archivados que nunca se han probado.

Continuidad de servicios críticos

Otro punto tratado fue la garantía de servicios esenciales en escenarios de crisis: agua, suministro eléctrico y comunicaciones. La experiencia de La Palma dejó claro que la emergencia no se limita a la lava; también afecta a infraestructuras estratégicas cuya interrupción puede multiplicar el impacto social.

La coordinación interinstitucional busca precisamente anticipar esas vulnerabilidades.

Un territorio activo que aprende

Desde 2016 se viene observando actividad sísmica recurrente en Tenerife, con episodios de mayor o menor intensidad. Lo que diferencia el momento actual no es necesariamente la magnitud de los eventos, sino el contexto emocional posterior a La Palma.

La clave, según la administración insular, está en conjugar tres elementos: ciencia, comunicación responsable y planificación operativa. No se trata de tranquilizar por inercia ni de dramatizar por prudencia, sino de sostener una vigilancia continua que permita actuar con rapidez si el escenario cambia.

Tenerife no está hoy ante una erupción inminente, pero sí ante un recordatorio permanente de su naturaleza volcánica. Y en esa realidad geológica, la diferencia entre alarma y resiliencia no la marca el temblor, sino la preparación.

Redacción
Redacción
Equipo de Redacción de elburgado.com

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