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jueves, 15 enero,2026

Tenerife cierra 2025 con menos pobreza en las estadísticas… y más vidas al límite

El balance de 2025 en Tenerife en materia de pobreza, servicios sociales y dependencia deja una foto incómoda: algunos indicadores mejoran sobre el papel, pero la precariedad se cronifica y las respuestas públicas siguen llegando tarde para demasiadas familias.

Según la Encuesta de Condiciones de Vida del INE, la tasa de riesgo de pobreza o exclusión social (AROPE) en Canarias se situó en torno al 31,8% de la población, más de cinco puntos menos que el año anterior. Es una caída relevante, pero la comunidad autónoma continúa entre las regiones con peores datos del país.

La letra pequeña ayuda a entender qué ocurre en Tenerife: alrededor del 12-13% de los hogares declara llegar a fin de mes con “mucha dificultad”, casi la mitad no puede afrontar un gasto imprevisto y más del 40% no se puede permitir una semana de vacaciones al año. En la práctica, casi la mitad de las familias vive en un equilibrio extremadamente frágil.

A ello se suma un contexto muy particular en la isla: fuerte dependencia del turismo, alta temporalidad, salarios bajos en muchos sectores de servicios y un coste de la vivienda que ha crecido con más rapidez que los ingresos. El resultado es una presión constante sobre los presupuestos domésticos, especialmente en las áreas metropolitanas y las zonas turísticas con mayor tensión inmobiliaria.

La mirada de Cáritas: menos altas nuevas, pobreza más cronificada


Las entidades sociales aportan una visión complementaria. Cáritas Diocesana de Tenerife, en su memoria más reciente, refleja que en su ámbito de actuación se atendió a casi 15.000 personas, con un ligero descenso de usuarios respecto al año anterior, pero aún por encima de los niveles previos a la pandemia.

El dato clave no es tanto el número total, sino el perfil: menos emergencias puntuales y más personas instaladas en una pobreza de larga duración. Familias que encadenan empleos precarios o periodos de paro, atrapadas en alquileres que consumen buena parte de los ingresos.

Cáritas alerta también de un fuerte aumento de las personas sin hogar en los últimos años, lo que evidencia que una parte de la población ha caído por completo fuera de las redes de protección formales e informales.

Servicios sociales al límite


El sistema público de servicios sociales llega a 2025 tensionado. Los informes comparativos sitúan a Canarias en una posición media-baja en cuanto a desarrollo y cobertura de sus servicios sociales. Una de las claves es la ratio de habitantes por profesional: muy superior a la de comunidades que lideran los rankings, lo que implica trabajadoras sociales desbordadas, dificultad para hacer seguimiento y mucho más trabajo de “apagar fuegos” que de prevención.

En Tenerife esto se traduce en unidades de trabajo social municipales saturadas, tramitaciones lentas para ayudas de emergencia y pocas posibilidades de acompañar procesos de inclusión a medio plazo. Muchas familias solo entran en el radar cuando ya han agotado ahorros, redes familiares y otras vías informales de apoyo.

Por su parte, el sistema de atención a la dependencia continúa siendo uno de los mayores cuellos de botella. Canarias figura de nuevo entre las comunidades con mayores tiempos de espera: más de un año, de media, entre la solicitud y la efectiva recepción de la prestación o el servicio.

En la práctica, esto significa en Tenerife personas mayores que fallecen sin haber recibido la ayuda, familias que soportan solas cuidados muy intensivos y, sobre todo, mujeres que reducen jornada o abandonan su empleo para sostener esos cuidados, con el consiguiente impacto en los ingresos presentes y futuros del hogar. La dependencia actúa así como un multiplicador silencioso de la pobreza.

Luces, sombras y tareas pendientes para 2026


A lo largo de 2025 se han anunciado refuerzos presupuestarios en políticas sociales, incrementos de partidas para vivienda y acuerdos con entidades del tercer sector para mejorar la coordinación. Son pasos en la buena dirección, pero insuficientes si se comparan con la magnitud de los problemas detectados por los propios informes oficiales y las ONG.

Tenerife no parte de cero, cuenta con una red social potente y con profesionales muy implicados, pero sigue atrapada entre buenas intenciones y estructuras lentas. Para que la mejora estadística se traduzca en vidas menos precarias, 2026 tendrá que concentrarse en reducir de forma drástica las listas de espera en dependencia, reforzar plantillas y recursos de los servicios sociales de base y abordar con más ambición la crisis de vivienda que está expulsando a los hogares vulnerables de sus barrios.

Mientras eso no ocurra, el titular seguirá siendo el mismo: menos pobreza sobre el papel, demasiadas vidas al borde del precipicio.

Redacción
Redacción
Equipo de Redacción de elburgado.com

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