El anuncio de que Candelaria rechazará este viernes en pleno que el 2 de febrero —festividad de la Virgen de la Candelaria— sea declarado Día oficial de Tenerife ha reabierto un debate que va más allá del calendario.
El citado día tiene un peso evidente toda vez que la Virgen de la Candelaria es patrona de Canarias y su arraigo histórico es profundo. Sin embargo, también es una celebración marcada por su fuerte identificación religiosa y municipal.
Para algunos sectores, convertirla en el Día de Tenerife podría interpretarse como una apropiación simbólica que no representa por igual a todos los municipios ni a todas las sensibilidades.
Por eso, en este artículo buscamos posibles soluciones.
Las fechas más señeras
29 de mayo
Si se busca una alternativa de consenso, una primera opción sería mirar al nacimiento del autogobierno insular moderno.
El 29 de mayo de 1913 se constituyó el Cabildo de Tenerife tras la aprobación de la Ley de Cabildos. Es una fecha institucional, civil y transversal. Representa el momento en que la isla adquiere una estructura propia de gestión.
No arrastra connotaciones religiosas ni disputas territoriales. Su principal debilidad es, quizá, su escasa carga emocional fuera de los ámbitos administrativos.
25 de julio
Quizás la que cuenta con mayor potencia simbólica. Es el 25 de julio, día de la Gesta de 1797, cuando las milicias tinerfeñas derrotaron al almirante británico Horacio Nelson en Santa Cruz.
Se trata de uno de los episodios históricos más conocidos y celebrados de la isla. Habla de unidad frente a una amenaza exterior y forma parte del imaginario colectivo.
El inconveniente es que su celebración está muy vinculada a la capital, lo que podría alimentar el viejo debate sobre centralidad y representación.
División insular
También podría plantearse una fecha asociada a la configuración político-administrativa moderna, como la división provincial de 1833, que consolidó el papel de Santa Cruz en el mapa institucional.
Sería una manera de subrayar el nacimiento de la Tenerife contemporánea. Pero esa elección tampoco estaría exenta de polémica, al tocar cuestiones históricas sensibles.
Tradiciones aborigen
Una opción distinta sería alejarse de los hitos políticos y militares para buscar una raíz más profunda. El solsticio de invierno, vinculado a las tradiciones aborígenes, permitiría conectar con el pasado guanche y proyectar una identidad cultural anterior a la conquista.
Sería una apuesta patrimonial e identitaria, menos anclada en la estructura administrativa y más en la memoria histórica compartida. Requeriría, eso sí, mayor pedagogía y construcción simbólica.
Resto de islas
El debate no es exclusivo de Tenerife. El resto de islas también han optado por fechas con fuerte carga simbólica.
Gran Canaria celebra el 8 de septiembre, día de la Virgen del Pino; La Palma el 5 de agosto, con la Bajada de la Virgen de las Nieves como referencia histórica; Lanzarote el 15 de septiembre, en torno a la Virgen de los Dolores; Fuerteventura el 18 de septiembre, día de la Virgen de la Peña; El Hierro el 24 de septiembre, vinculado a la Bajada de la Virgen de los Reyes; La Gomera el 3 de octubre, en honor a la Virgen de Guadalupe.
En todos los casos, el componente religioso es evidente y hunde sus raíces en tradiciones de siglos. Esa herencia explica por qué muchas islas han asumido con naturalidad fechas patronales como días oficiales.
Tenerife, sin embargo, parece encontrarse ante una disyuntiva más compleja dado el papel de “La Morenita” como patrona de todas las islas en su conjunto.
Es también la isla más poblada, la más diversa territorialmente y también la más expuesta a debates identitarios. Elegir un Día de Tenerife implica decidir si se prioriza la tradición religiosa, el hecho histórico, la institucionalidad o la identidad cultural prehispánica.
Quizá la clave no esté solo en la fecha, sino en el consenso que logre generar. Porque un Día de Tenerife debería ser un punto de encuentro, no un nuevo frente de división.







