La ciudad autónoma de Ceuta vivió en la última madrugada una de las noches de mayor presión migratoria en lo que va de año. Más de cien personas, en su mayoría jóvenes y algunos menores no acompañados, aprovecharon la espesa niebla y la calma del mar para lanzarse al agua desde Marruecos y lograr entrar a nado a la costa ceutí. La Guardia Civil, con el apoyo de las fuerzas marroquíes, desplegó un intenso operativo para interceptar a los «nadadores», aunque varios lograron alcanzar tierra firme. Una escena que refleja la gravedad y la urgencia que se vive en el enclave.
Este fenómeno migratorio, silencioso pero persistente, se ha intensificado las últimas semanas, alentado por mensajes difundidos en redes sociales y grupos de mensajería que promueven la travesía como una oportunidad de escapar de la precariedad. Muchos de los llegados portaban flotadores improvisados o neoprenos, bajo la cobertura de la niebla y la noche.
Las consecuencias para Ceuta son evidentes: los recursos de acogida están al límite. En el área de menores no acompañados hay más de 480 niños y adolescentes, pese a que su capacidad óptima es de apenas 132 plazas. La saturación complica la atención y genera llamamientos crecientes a un reforzamiento urgente por parte del Gobierno central.
Esta travesía peligrosa no es un hecho aislado. A finales de julio, al menos 54 menores y unos 30 adultos también llegaron a nado en medio de condiciones adversas —mar agitado y espesa niebla— y fueron rescatados por unidades especializadas como el GEAS. La gravedad del episodio impulsó a las autoridades locales a solicitar ayuda urgentemente a Madrid, calificando la situación como de “interés nacional”.
Frente a esta realidad, organizaciones como JUCIL han advertido de que las fuerzas en Ceuta están al límite y han pedido refuerzos inmediatos. Reclaman aumento de efectivos en patrullas costeras, refuerzo marítimo y apoyo logístico para afrontar lo que definen como una frontera “agotada” ante una presión migratoria que es cada vez más intensa y compleja.
Lo sucedido en la última madrugada confirma que el fenómeno de los “nadadores” no cesa y que cada intento lleva consigo un riesgo elevado y efectos acumulativos en el sistema de acogida ceutí. Cómo gestionar esta frontera, sus políticas migratorias y el bienestar de los menores continúa siendo una urgencia sin resolver.







