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jueves, 15 enero,2026

Navidad, Transición y convivencia: un aviso sin destinatario… y con muchos aludidos

Hay discursos que se escuchan y discursos que se leen. El del Rey en esta Nochebuena pertenece al segundo grupo. No por lo que dice, sino por lo que recuerda en un país que ha convertido el olvido selectivo en deporte nacional.

Felipe VI eligió dos aniversarios que no son casuales ni decorativos: los 50 años del inicio de la Transición democrática y los 40 años del ingreso de España en las Comunidades Europeas. Dos fechas que hoy incomodan porque desmontan muchos relatos contemporáneos construidos desde la trinchera, la consigna y el agravio permanente.

La Transición no fue una epopeya ni un milagro. Fue un ejercicio colectivo de responsabilidad, un pacto entre diferentes que decidieron avanzar sin garantías absolutas. Hubo desacuerdos y renuncias, pero también voluntad de convivencia.

Ese es el concepto central del discurso: convivencia. No como eslogan, sino como arquitectura democrática. La Constitución de 1978 no fue un dogma cerrado, sino un marco amplio pensado para que cupieran muchos.

La entrada en Europa fue el segundo gran paso. No solo por la modernización económica, sino porque significó anclar a España en un proyecto compartido de libertades, valores y futuro.

El Rey no se refugió en la nostalgia. Bajó al presente: coste de la vida, vivienda inaccesible, incertidumbre laboral, cambio climático y un clima político irrespirable que genera cansancio ciudadano. Se olvido de la inmigración, esa, la ilegal.

Estos problemas no se resuelven con retórica ni polarización. No se gobierna desde el grito ni se construye país desde el insulto. Felipe VI habló de confianza. Cuando esta se rompe, el terreno queda abonado para el populismo y el extremismo. La convivencia democrática no es un legado automático. Requiere cuidado diario. Y los poderes públicos tienen una obligación reforzada de ejemplaridad. España no es una suma de bandos, sino un proyecto compartido. El miedo levanta barreras y las barreras impiden la convivencia. Que esta en riesgo.

España es un gran país, pero nada de eso sirve si se dinamita el marco común.

En fin, la Transición no fue perfecta, pero fue valiente. Hoy el reto no es repetirla, sino no traicionarla. España no necesita más ruido, sino memoria, coraje cívico y decencia democrática y un poquito de vergüenza por favor. Feliz Navidad.

Redacción
Redacción
Equipo de Redacción de elburgado.com

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