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Cajasiete
sábado, 28 febrero,2026

¡Meneos en Madrid y temblores en el Teide!

Uno se levanta, se toma el cortado -con un chorrito de algo, que la mañana está fresca- y se pone a leer la prensa para acabar con una acidez de estómago que no me la quita ni el Almax.

Se nos ha ido Tejero. Y lo hace con una puntualidad gallega que ni el propio Franco habría imaginado: el mismo día en que Pedro Sánchez, gran ilusionista de la Moncloa, decide que ya podemos leer lo que pasó en aquel Congreso de los disparos al techo. Qué puntería la del destino. Muere el hombre del «¡quieto todo el mundo!» justo cuando el Gobierno suelta los papeles para que todos nos movamos al son de su música.

Nos dejan una desclasificación que llega tan tarde que ya no es historia: es arqueología de salón. Se cierra el libro del 23-F por defunción del protagonista y por conveniencia del guionista de turno. Nos quieren vender la operación como una gesta heroica cuando no es más que una maniobra de distracción, un juego de manos para que no miremos el despropósito de la amnistía ni los líos de familia que se cocinan en la trastienda.

Y hablando de despropósitos, lo de Yolanda Díaz merece capítulo propio. Dice que se va, pero se queda. No será candidata, pero mantiene coche oficial y vicepresidencia hasta que suene la campana. Es la izquierda de diseño: plancha impecable, discurso vacío y miedo escénico al mundo real. Mientras tanto, Rufián, desde su atalaya, propone frentes amplios. Váyase usted a paseo. Aquí lo único que hay es pánico a perder el sillón y a tener que volver a trabajar de verdad, algo que en determinadas bancadas produce urticaria crónica.

Al mismo tiempo, Alberto Núñez Feijóo anda entretenido con si el Rey Emérito vuelve o no vuelve. Pues que vuelva. Que se venga a echarse una cuarta de vino a cualquier guachinche, que al menos él no nos engañaba con esta soberbia de nuevo rico institucional que destilan los actuales inquilinos del poder.

Por si fueran pocos los sismos políticos de la capital, aquí en la isla el suelo ha decidido sumarse a la función. Menudo meneo. Este jueves amanecimos con una sacudida de 4,1 —o 4,3, según quién cuente la película y le añada un poco más de drama— procedente del Volcán de Enmedio. Los expertos del IGN, con esa serenidad que dan los títulos, aseguran que no tiene relación con los enjambres del Teide. Faltaría más. Entre los seis mil terremotos “híbridos” acumulados este mes en Las Cañadas y los latigazos entre islas, esto ya parece una coctelera sísmica.

Dicen que son fluidos hidrotermales. Yo digo que hasta la tierra está harta de tanto despropósito y tanto político de vía estrecha.

El país, en fin, es para hacérselo mirar: un exjefe de policía desfilando por los juzgados, un presidente autonómico que no sabe si sube o baja la escalera mientras el fango le llega al cuello, y aquí en Tenerife el Teide roncando y el Canal de Anaga sacudiéndonos para que no nos durmamos.

Así que no queda otra que encomendarnos a la Virgen de Candelaria y seguir aguantando el tirón. Que para eso somos isleños y tenemos el cuero curtido de tanta desvergüenza política.

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