El fundador y director ejecutivo de Meta, Mark Zuckerberg, comparecerá hoy ante un tribunal de Los Ángeles para testificar en un juicio que analiza la responsabilidad de su empresa en el desarrollo de adicciones a las redes sociales entre los menores. Esta cita judicial marca un hito en la trayectoria legal de la compañía, ya que es la primera vez que Zuckerberg se somete al interrogatorio de un jurado popular para responder específicamente por las decisiones de diseño de productos como Facebook e Instagram.
El proceso se centra en las acusaciones presentadas por cientos de familias y diversos distritos escolares, quienes sostienen que Meta diseñó sus algoritmos y funciones de forma deliberada para maximizar el tiempo de uso de los adolescentes, a sabiendas de los riesgos para la salud mental. Los demandantes argumentan que funciones como el scroll infinito, las notificaciones constantes y los mecanismos de validación social fueron implementados para crear dependencia, contribuyendo a crisis de ansiedad, depresión y trastornos alimentarios en una generación de usuarios.
La comparecencia de Zuckerberg llega tras meses de litigios en los que Meta ha intentado, sin éxito, evitar que su máximo responsable tuviera que declarar personalmente. La defensa de la compañía mantiene que han introducido más de treinta herramientas de supervisión parental y que el diseño de sus plataformas cumple con los estándares legales de seguridad. Sin embargo, los abogados de la acusación pretenden utilizar documentos internos de la empresa para demostrar que el equipo directivo ignoró las advertencias de sus propios expertos sobre el impacto psicológico de estas tecnologías en los cerebros en desarrollo.
Este juicio en Los Ángeles se desarrolla de forma paralela a otras acciones legales en Estados Unidos, donde decenas de fiscales generales estatales han demandado a Meta por motivos similares. El resultado de este testimonio y el posterior veredicto del jurado podrían sentar un precedente histórico para la industria tecnológica, abriendo la puerta a regulaciones mucho más estrictas sobre cómo las plataformas digitales interactúan con el público infantil y juvenil.







