El Gobierno del Reino Unido ha confirmado que permitirá a las fuerzas de Estados Unidos utilizar sus bases militares para llevar a cabo operaciones defensivas contra objetivos iraníes. La decisión, anunciada tras una reunión extraordinaria del gabinete de Keir Starmer, busca neutralizar las capacidades de misiles y drones que Irán está empleando para atacar buques comerciales en el estrecho de Ormuz, una vía estratégica por la que transita una cuarta parte del comercio mundial de petróleo.
Esta autorización supone un cambio relevante en la postura de Londres, que hasta ahora limitaba el uso de sus instalaciones a acciones que protegieran directamente intereses o vidas británicas. Con el nuevo acuerdo, las fuerzas estadounidenses podrán operar desde bases como RAF Fairford, en Gloucestershire, y la isla de Diego García, en el océano Índico, para destruir emplazamientos de misiles en territorio iraní que amenacen la navegación internacional. El Ejecutivo británico ha justificado este paso bajo el principio de autodefensa colectiva de la región, ante lo que considera ataques imprudentes de Teherán contra aliados y socios del Golfo.
A pesar de esta colaboración logística, Downing Street ha subrayado que las tropas británicas no participarán directamente en los ataques ni se verán involucradas en acciones ofensivas. El primer ministro ha insistido en que el objetivo principal sigue siendo la desescalada urgente y la búsqueda de una resolución negociada al conflicto iniciado a finales de febrero. Por su parte, el presidente estadounidense, Donald Trump, ha calificado la medida de tardía, mientras que el Ministerio de Exteriores de Irán ha advertido de que esta decisión pone en riesgo la seguridad de los ciudadanos británicos al considerar que Londres participa de facto en la agresión.







