Canarias cerró 2025 con una comparación tan contundente como incómoda: murieron más personas en el agua que en la carretera.
El balance difundido en enero de 2026 señala 69 fallecidos en el medio acuático frente a 53 víctimas mortales en carretera en el Archipiélago durante 2025.
Esa inversión del patrón habitual —donde el tráfico suele concentrar la mayor parte de la mortalidad accidental— es la cifra que, por sí sola, explica por qué Canarias se ha convertido en un caso singular en el debate europeo sobre seguridad.
Mar vs. Carretera
Para entender la excepcionalidad, basta con mirar el marco continental. En la Unión Europea, Eurostat contabilizó 4.810 muertes por ahogamiento y sumersión en 2022, mientras que las muertes en carretera siguen siendo muy superiores: la Comisión Europea informó de alrededor de 19.800 fallecidos en siniestros viales en 2024 (dato preliminar).
En términos agregados, Europa “muere” más en el asfalto que en el agua. Canarias, en cambio, muestra que en un territorio con litoral omnipresente y uso intensivo del mar, el riesgo acuático puede rivalizar —e incluso superar— al vial.
La pregunta clave no es solo cuántas personas fallecen, sino por qué el medio acuático canario resulta tan letal. El análisis anual difundido por Radio Club Tenerife añade un dato difícil de ignorar: el 46% de los ahogamientos mortales de 2025 se produjo con avisos activos por fenómenos costeros.
Ese porcentaje describe un patrón de riesgo doble: por un lado, condiciones objetivamente peligrosas (oleaje, mar de fondo, mala mar); por otro, exposición humana pese a señales y alertas.
Tenerife, la más letal
El propio balance sitúa a Tenerife como la isla con mayor número de fallecidos, con 24 en 2025. No es un detalle menor: Tenerife concentra población, actividad y puntos de baño muy variados, incluidos escenarios especialmente delicados.
Y ahí aparece una característica diferencial frente a muchos destinos mediterráneos: en Canarias el baño no se limita a playas urbanas. Existen numerosos espacios de ocio costero con accesos rocosos, charcos, piscinas naturales y plataformas de lava, donde un resbalón o un golpe de mar puede derivar rápidamente en una situación crítica.
El informe divulgado por la SER subraya, además, la relevancia de la imprudencia y el incumplimiento de señalización, y menciona como ejemplo una tragedia en una zona de baño que se saldó con varias víctimas.
A esta configuración del litoral se suma un elemento estructural: la exposición es anual. Canarias mantiene actividad turística y hábitos de baño durante prácticamente todos los meses, lo que amplía la “ventana de riesgo” más allá del verano típico de otras regiones europeas.
En ese contexto, el mar deja de ser un escenario estacional y se convierte en un entorno cotidiano donde la repetición de conductas de riesgo, año tras año, acaba acumulando víctimas.
Por ello, en Canarias la prevención debe tratar el litoral como una infraestructura de riesgo equiparable a la red viaria.
El dato del 46% con avisos activos apunta a dónde está la palanca más inmediata: respeto estricto a banderas, cierres y alertas. Porque, en el Archipiélago, la diferencia con Europa no es amar más el mar. Es que, aquí, el Atlántico castiga más cuando se le pierde el respeto.







