Estados Unidos ha ejecutado su primer ataque directo contra infraestructura en suelo venezolano. La Agencia Central de Inteligencia (CIA) empleó drones MQ-9 Reaper para destruir una instalación portuaria estratégica durante la pasada Nochebuena. La operación tuvo como objetivo un muelle remoto presuntamente controlado por la organización criminal Tren de Aragua para el envío de estupefacientes.
El propio Donald Trump ha sido el encargado de confirmar la acción durante su comparecencia junto al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. En un tono triunfalista, el mandatario estadounidense se refirió a una gran explosión en el área del muelle donde cargan los barcos con drogas, sentenciando que ese lugar ya no existe. Aunque Trump evitó detallar si la autoría recayó en el Pentágono o en la CIA, las filtraciones apuntan a una misión encubierta de la agencia para minimizar la huella militar oficial.
Hasta ahora, la ofensiva estadounidense contra el narcotráfico se había limitado a la intercepción de lanchas rápidas y petroleros en aguas internacionales. Sin embargo, este bombardeo en la costa venezolana supone el cumplimiento de la promesa electoral de Trump de atacar el problema en la raíz, entrando físicamente en el territorio. Fuentes conocedoras del operativo aseguran que el ataque se produjo en un momento de baja actividad para evitar víctimas mortales, centrándose exclusivamente en la destrucción de almacenes, grúas y embarcaciones atracadas.
La elección de la fecha, a escasas horas de la Navidad, no parece casual. Analistas sugieren que Washington buscaba un efecto sorpresa máximo mientras las autoridades venezolanas se centraban en las festividades. Desde Caracas, el ministro del Interior, Diosdado Cabello, ha denunciado lo que califica como actos de acoso y terrorismo internacional, aunque el Gobierno de Nicolás Maduro ha mantenido un perfil bajo respecto a los daños reales sufridos en la instalación.
La coincidencia de esta revelación con la visita de Netanyahu a Mar-a-Lago refuerza la imagen de un frente común contra los regímenes que Washington considera amenazas para la seguridad global. Durante la reunión, Trump vinculó el éxito de sus operaciones antinarcóticos con la necesidad de restaurar el orden en el hemisferio occidental, comparando la firmeza necesaria en Gaza con la que su gobierno está aplicando en el Caribe.
La CIA recupera un papel protagonista en operaciones letales en la región, algo que no se veía con tal intensidad desde las décadas de la Guerra Fría. La Casa Blanca ya ha advertido de que esta intervención no será la última si los grupos vinculados al narcotráfico y al ejecutivo venezolano no cesan su actividad en las rutas marítimas hacia Estados Unidos.







