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jueves, 15 enero,2026

Jóvenes y Vivienda en Canarias: El Gran Desafío de Acceder al Primer Hogar

En Canarias, hablar de vivienda y juventud es hablar de una carrera llena de obstáculos. Para miles de jóvenes, acceder a su primera vivienda se ha convertido en uno de los mayores retos de su vida adulta. No por falta de voluntad, ni siquiera por ausencia de trabajo, sino por una combinación de factores que han ido estrechando el camino hasta hacerlo, en muchos casos, casi intransitable.

El punto de partida es claro: los precios de la vivienda han crecido muy por encima de los salarios. Mientras el mercado inmobiliario ha vivido una revalorización constante en los últimos años, los ingresos de la población joven no han seguido el mismo ritmo. El resultado es una brecha cada vez mayor entre lo que cuesta una vivienda y lo que un joven puede asumir, tanto en compra como en alquiler.

El alquiler, tradicionalmente visto como el primer paso antes de comprar, tampoco ofrece hoy un refugio accesible. La escasez de oferta, el auge del alquiler vacacional y la alta demanda han provocado un aumento de precios que obliga a muchos jóvenes a destinar más del 40% de sus ingresos mensuales a la vivienda. Una cifra que, lejos de ser sostenible, limita la capacidad de ahorro y perpetúa la imposibilidad de dar el salto a la propiedad.

A esta realidad se suma la dificultad de acceso a la financiación. Aunque muchos jóvenes cuentan con empleo, la temporalidad laboral y la exigencia de ahorros previos elevados se convierten en barreras casi infranqueables. Reunir el 20% del valor de la vivienda más los gastos asociados es, para muchos, una meta que se aleja año tras año. Así, el mercado deja fuera a una generación entera que cumple con sus obligaciones, pero no con los requisitos del sistema.

Las consecuencias de este escenario van más allá del mercado inmobiliario. Retraso en la emancipación, retorno al hogar familiar, dificultad para formar proyectos de vida estables e incluso la salida de jóvenes cualificados hacia otros territorios con mejores condiciones. La vivienda, en este contexto, deja de ser solo un bien material para convertirse en un factor decisivo en el desarrollo social y económico de las islas.

Sin embargo, el problema no es irresoluble. Existen vías que pueden marcar la diferencia si se abordan con decisión y coordinación. La promoción de vivienda asequible, la rehabilitación de inmuebles para alquiler de larga duración y el impulso de modelos alternativos como el cohousing o el alquiler con opción a compra son algunas de las herramientas que pueden aliviar la presión sobre los jóvenes. También lo es una mayor agilidad administrativa que permita poner vivienda en el mercado en plazos razonables.

El sector inmobiliario tiene un papel clave en este proceso. La profesionalización, la transparencia y el asesoramiento responsable pueden ayudar a los jóvenes a identificar oportunidades reales, evitar decisiones precipitadas y entender el mercado con claridad. No se trata de prometer lo imposible, sino de acompañar con realismo y estrategia en uno de los pasos más importantes de su vida.

Mirando hacia los próximos años, Canarias se enfrenta a una decisión crucial: permitir que la vivienda siga siendo un privilegio o convertirla en una oportunidad accesible para quienes quieren construir su futuro en las islas. Apostar por la juventud no es solo una cuestión social, sino una inversión a largo plazo en estabilidad, talento y cohesión.

Porque una tierra que no ofrece hogar a sus jóvenes es una tierra que compromete su propio mañana. Y el verdadero progreso comienza cuando vivir en Canarias no es un sueño aplazado, sino un proyecto posible.

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