Perú vuelve a cambiar de jefe de Estado. La Asamblea Nacional ha elegido esta semana a José María Balcázar, de 83 años, como nuevo presidente interino del país tras la destitución de su antecesor, José Jerí. Balcázar, abogado y exjuez vinculado al partido Perú Libre, se convierte así en el octavo mandatario de la nación andina en apenas una década, asumiendo el cargo con el encargo de conducir al país hasta el próximo 28 de julio, fecha en la que entregará el poder al ganador de las elecciones generales de abril.
La salida de José Jerí se adelantó tras solo cuatro meses en el cargo, forzada por una moción de censura fundamentada en investigaciones fiscales por presunto tráfico de influencias y reuniones irregulares con empresarios extranjeros. Su caída dejó un vacío de poder que el Congreso ha resuelto mediante una votación interna que ha situado a Balcázar al frente de la República por su condición de presidente de la Cámara. El nuevo mandatario ha pedido unidad para garantizar la transparencia del proceso electoral, asegurando que su prioridad es combatir la inseguridad y mantener el orden económico.
A pesar de su adscripción a la izquierda política, el nuevo presidente mantiene un perfil ultraconservador que ha chocado frontalmente con las organizaciones de derechos humanos. La polémica se centra en sus declaraciones realizadas en junio de 2023 durante el debate parlamentario para prohibir el matrimonio infantil en Perú. En aquella sesión, Balcázar defendió que las relaciones sexuales tempranas, si no existía violencia, ayudaban al futuro psicológico de la mujer, calificando de retroceso legal la prohibición de las uniones de menores.
Estas afirmaciones, que el mandatario ha intentado matizar recientemente apelando a la legislación vigente y a la madurez psicológica a partir de los 14 años, han generado una ola de críticas en un país que se prepara para una cita con las urnas el próximo 12 de abril. Con un Ejecutivo debilitado y un Parlamento fragmentado, Balcázar afronta un mandato de apenas cinco meses en el que su principal desafío será evitar nuevos episodios de inestabilidad mientras la ciudadanía peruana observa con escepticismo un desfile de presidentes que parece no tener fin.







