El sector crítico del socialismo tradicional ha encontrado una nueva voz de mando. Jordi Sevilla, exministro de Administraciones Públicas y una de las figuras económicas clave del zapaterismo, ha anunciado que presentará en enero un manifiesto fundacional. ¿El objetivo? Articular un movimiento que recupere las esencias de la socialdemocracia y ofrezca una alternativa a la actual dirección de Ferraz, a la que acusa de haber sucumbido a una «deriva populista y podemita».
Sevilla ha desgranado en las últimas horas los pilares de su iniciativa. Para el exministro, el PSOE de Pedro Sánchez se ha convertido en una suerte de «club de fans» del secretario general, donde la ausencia de debate interno y de contrapesos ha desvirtuado la identidad histórica de la formación.
El diagnóstico de Sevilla es demoledor. En sus intervenciones más recientes, sostiene que el partido ha abandonado su vocación de mayorías para quedar supeditado a las exigencias de socios como Podemos, Bildu o el independentismo catalán. Según el impulsor del manifiesto, la «podemización» del discurso —especialmente tras el abrazo con Pablo Iglesias en 2019— ha alejado al PSOE de los problemas reales de la clase media española.
«Este no es el Sánchez con el que yo trabajé», ha llegado a afirmar Sevilla, criticando duramente decisiones como la Ley de Amnistía, que a su juicio fue adoptada «de la noche a la mañana» por pura supervivencia política.
A diferencia de otros intentos críticos del pasado, Sevilla asegura que este proyecto no busca dividir el voto ni crear un nuevo partido, sino reformar el PSOE desde dentro. No obstante, se muestra pragmático: si el manifiesto no logra aglutinar a un número suficiente de voces experimentadas y jóvenes para el verano de 2026, el exministro asegura que abandonará la iniciativa. «No vivo de esto», ha puntualizado para marcar distancias con la política profesional.
La respuesta de la actual dirección no se ha hecho esperar, marcando el tono de la batalla ideológica que se avecina. El ministro Óscar Puente, conocido por su estilo directo, ha ironizado sobre la propuesta acusando a Sevilla de no pisar una sede socialista «desde que hizo la comunión», tratando así de desacreditar el movimiento como una pataleta de la «vieja guardia» desconectada de la militancia actual.







