El presidente de Irán, Masud Pezeshkian, ha anunciado este sábado un giro en su estrategia militar al decretar la suspensión de los bombardeos contra los países vecinos de la región. En una intervención televisada, el mandatario ha pedido disculpas formalmente a las naciones del Golfo por las ofensivas lanzadas durante la última semana, atribuyendo estas acciones a una medida de fuerza mayor provocada por el caos interno tras la muerte del líder supremo, Alí Jameneí, y de la cúpula de seguridad en los ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel el pasado 28 de febrero.
Pezeshkian, que integra el Consejo de Liderazgo interino que gobierna el país, ha explicado que la falta de mandos militares tras la ofensiva aliada llevó a las unidades de la Guardia Revolucionaria a actuar de forma independiente y algo aislada. Según el presidente, las fuerzas armadas ya han recibido instrucciones precisas para no disparar misiles ni lanzar drones contra territorio vecino, al que se ha referido como hermanos, subrayando que Teherán no guarda animadversión hacia ellos y que su prioridad es ahora restablecer la estabilidad y buscar una salida diplomática al conflicto.
Sin embargo, el anuncio incluye un matiz determinante: Irán se reserva el derecho a contraatacar de forma inmediata si vuelve a ser objetivo de agresiones que se originen desde esas naciones. Pezeshkian ha advertido a los gobiernos regionales de que no deben permitir que su espacio aéreo o sus bases sean utilizados por el imperialismo para atacar suelo iraní.
Pese a este llamamiento a la calma, la situación sobre el terreno sigue siendo confusa. Mientras Pezeshkian emitía su mensaje de disculpas, se han reportado nuevas interceptaciones de drones en Arabia Saudí y alertas de misiles en Bahréin y Qatar, lo que evidencia una posible falta de control total sobre todas las unidades militares. Teherán intenta aliviar la tensión con sus vecinos árabes para evitar que se sumen a la coalición liderada por Washington.







