La tensión entre Irán y Estados Unidos ha alcanzado un punto de máxima alerta este viernes tras una escalada de advertencias directas entre ambos gobiernos. El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, ha respondido con dureza a las declaraciones de Donald Trump, asegurando que todas las bases y tropas estadounidenses en Oriente Próximo se convertirán en objetivos legítimos de las fuerzas iraníes si Washington opta por una intervención militar en el país.
Este cruce de amenazas se produce en el quinto día de unas protestas masivas que recorren las principales ciudades de Irán, motivadas por una inflación superior al 42 % y el desplome del rial. El presidente Donald Trump, a través de sus redes sociales, advirtió previamente que su Administración está armada y preparada para acudir en rescate de los manifestantes pacíficos si el régimen de los ayatolás responde con una represión violenta, una declaración que Teherán ha calificado de injerencia peligrosa e imprudente.
El aviso de Ghalibaf no es una advertencia aislada. Otros altos cargos de la seguridad nacional iraní han reforzado este mensaje, señalando que cualquier mano intervencionista que se acerque será cortada. La preocupación de la comunidad internacional radica en la vulnerabilidad de las instalaciones estadounidenses en países vecinos como Irak, Kuwait o Qatar, que ya han sido blanco de ataques en momentos de fricción previos.
Desde la Casa Blanca se insiste en que no se tolerará otra matanza de civiles como la ocurrida en oleadas de protestas anteriores. Sin embargo, las autoridades persas sostienen que las manifestaciones están siendo alentadas por agentes externos para desestabilizar el Estado, utilizando la crisis económica como excusa para forzar un cambio de régimen.
El origen de la revuelta ciudadana se encuentra en el asfixiante coste de la vida. Las sanciones internacionales, reactivadas y endurecidas, han llevado la inflación punto a punto por encima del 50 %, provocando el cierre de comercios en el Gran Bazar de Teherán y movilizaciones en localidades tradicionalmente conservadoras como Qom. Según organizaciones de derechos humanos, los enfrentamientos con la policía ya han dejado al menos siete víctimas mortales y más de un centenar de detenidos.
El despliegue de las fuerzas de seguridad en las calles es total. La posibilidad de que un incidente en las calles de Teherán desencadene una respuesta militar de Estados Unidos sitúa a la región en el umbral de una conflagración abierta que podría alterar el mercado energético global y la seguridad en todo el golfo Pérsico.







