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Hace falta ser burros

Hace falta ser muy burro para manifestarse contra el turismo, acorralar a turistas en una playa –imágenes que han dado la vuelta al mundo y que  dan a entender que Canarias no quiere a los turistas, ni los protege— y al mismo tiempo no exigir a las autoridades, con manifestaciones multitudinarias incluidas, el cese del flujo de inmigrantes. O sea, turistas, no, pero inmigrantes ociosos, que sólo esquilman nuestros recursos, sí; y menores inmigrantes que interfieren en la sanidad, en la educación y en la calidad de vida de los jóvenes canarios, también. Ya es hora de hablar claro en estos asuntos y dejarnos de frases políticamente correctas; y es hora también de descubrir los negocios de las mafias, locales e internacionales, y de ciertas ONG, que se embostan de dinero público, seguramente por una labor caritativa que se les supone, pero también por ciertas ambiciones y patrocinios inconfesables. Me refiero a mis sospechas de que existen connotaciones raras, misteriosas, entre autoridades y algunas de estas organizaciones que atienden a los inmigrantes a su llegada. Si esto existe, se descubrirá, no tengan la menor duda. Yo no sabía que tantos canarios  fueran tan poco inteligentes y aunque no pretendo generalizar, esos que se manifiestan contra el turismo están matando la gallina de los huevos de oro. ¿Quiénes son? Idealistas, gente sin visión y sin objetivos, porque la masificación no viene por ahí; los turistas vienen y se van y dejan su dinero aquí. Lo peor para Canarias es una inmensa población ociosa,  que desborda todos los parámetros de la lógica porque no produce nada. Y la inmigración clandestina de gente sin oficio ni beneficio, que se queda en las islas porque no tiene donde ir, que está esquilmando nuestros recursos públicos y colapsando la sanidad y la educación y está perjudicando a las islas con una presión migratoria insoportable. Y yo por decir estas obviedades odio a la gente, ¿no? Yo no odio a nadie, pero tenemos el territorio que tenemos, cabemos los que cabemos y los recursos son los que son. Y el turismo es el sector que nos da de comer a los canarios. O sea, que los manifestantes se equivocan de motivo. Y me pueden llamar como quieran, que aquí estoy. Porque supongo que soluciones habrá, ¿no? Soluciones que no dañen a nadie, pero que protejan a los canarios, a los que somos dueños de estas islas. La caridad bien entendida, señores políticos, empieza por uno mismo. Y, si no son capaces de arreglar esto, váyanse. Por estúpidos e ineficaces. Y por vagos.

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