El secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, ha comparecido este jueves ante la Asamblea General para pronunciar el que será su último discurso anual de prioridades antes de abandonar el cargo a finales de este año. En una intervención marcada por un pesimismo profundo y una crudeza inusual, el diplomático portugués ha descrito un panorama internacional dominado por el caos, donde la impunidad de las grandes potencias y la desigualdad extrema han dejado al organismo que preside en una situación de debilidad sin precedentes.
Según Guterres, el mundo atraviesa un momento de impredecibilidad total, en el que las divisiones geopolíticas ya no son solo estratégicas, sino contraproducentes para la supervivencia colectiva. El secretario general ha denunciado que las violaciones flagrantes del derecho internacional se han convertido en la norma y no en la excepción, señalando directamente la incapacidad del Consejo de Seguridad para detener los conflictos actuales. Esta parálisis política coincide, además, con una crisis financiera asfixiante para la organización, derivada de los recortes masivos en la ayuda al desarrollo y en las partidas humanitarias por parte de los países donantes.
En su alocución, Guterres ha lamentado que el sistema multilateral esté fallando a quienes más lo necesitan. Ha subrayado que, mientras los conflictos se multiplican, la arquitectura financiera global sigue beneficiando a los más ricos, profundizando una brecha que alimenta el resentimiento y la inestabilidad. Para el secretario general, la combinación de crisis climática, guerras tecnológicas y el desprecio por los derechos humanos configura un escenario de policrisis que la ONU, con sus actuales recursos y estructuras agotadas, apenas puede gestionar.
Al finalizar el año, el secretario general entregará el testigo de una institución que, bajo su mandato, ha intentado sin éxito reformar su sistema de gobernanza. Su advertencia ante los Estados miembros ha sido un llamamiento desesperado a la unidad, recordando que el orden internacional basado en reglas está al borde del colapso y que, sin un compromiso financiero y político real, el mundo se encamina hacia una fragmentación definitiva de consecuencias irreversibles.







