Galicia sufre una catástrofe ambiental sin precedentes. El incendio de Chandrexa de Queixa, en Ourense, se ha convertido en el más devastador registrado en la comunidad —con 16 000 hectáreas arrasadas solo en esa zona— y ha elevado el total provincial a más de 40 000 hectáreas, sobre una superficie global actual de 41 061 hectáreas calcinadas en toda Galicia. La situación ha llevado a declarar el nivel 2 de alerta y al confinamiento preventivo de una treintena de municipios, especialmente entre Ourense y el sur de Lugo.
Pero el fuego no se limita a Ourense. En Oímbra se han quemado 10 000 hectáreas, en A Mezquita 9 000, en Maceda 2 500, en Larouco 1 500 y en Vilardevós 700. A su vez, hay incendios activos en A Coruña y Pontevedra —con alarmas en Toques y A Golada—, que ya han provocado desalojos y la activación del nivel 2 de emergencia.
En Monterrei se vivieron escenas dantescas. El fuego envolvió en cuestión de minutos la aldea de A Caridade, dejando a sus vecinos atrapados sin posibilidad de huida. Vecinos de avanzada edad comentaban desesperados: “vamos a morir todos abrasados”. Se han destruido viviendas, animales y vehículos, y han quedado afectadas granjas y patrimonios ganaderos esenciales para la vida local.
Numerosos agentes forestales alertan de que pese a contar con un dispositivo aéreo muy potente, el operativo está desbordado. En Ourense ya se han quemado más de 23 700 hectáreas, y ecosistemas delicados como el frondoso Bidueiral de Montederramo están en grave peligro. La falta de recursos humanos y técnicos, agravada por una plantilla que no se renueva desde 1985, complica la respuesta. Tres bomberos han resultado heridos recientemente, y se han producido ya tres detenciones y 22 investigaciones por posibles negligencias en el origen de los incendios.
Esta semana, España ha superado las 110 000 hectáreas arrasadas, con 16 incendios activos de riesgo extremo entre Ourense, Zamora, León y Cáceres. En Galicia, se ha interrumpido el servicio ferroviario entre Madrid y Ourense y se han cerrado varias carreteras. Según el Ministerio del Interior, más de 5 700 personas han sido desalojadas en toda la nación.
Este fuego deja claro que Galicia se encuentra en una emergencia histórica. La crisis obliga a una revisión inmediata de los protocolos de prevención, vigilancia y extinción, además de una inversión estructural para reforzar la respuesta ante el cambio climático y los fuertes factores meteorológicos que avivan estas tragedias.







