Rotaract sigue siendo, para mucha gente, una sigla que suena “a club” y poco más. Sin embargo, detrás hay una estructura internacional de voluntariado joven con proyectos locales muy concretos —y con una idea insistente: la ayuda a la comunidad y el crecimiento personal no son caminos separados.
Hablamos con Gabriel Suárez, presidente de Rotaract La Laguna, sobre qué es Rotaract, por qué se confunde con elitismo, cómo se eligen los proyectos y qué cree que está fallando —y puede cambiar— en la participación juvenil en Tenerife.
P. Si te lo pido en 30 segundos: ¿qué es Rotaract y en qué se diferencia de Rotary?
R. La principal diferencia es que Rotaract es la parte joven del movimiento rotario. Rotaract viene de Rotary + Acción: somos jóvenes que hacemos proyectos de servicio, conectados con Rotary International, pero con nuestro propio club y dinámica.
P. ¿Y qué lo diferencia de otras asociaciones juveniles o de voluntariado?
R. Para mí la diferencia está en el beneficio bidireccional. Aquí los jóvenes participan en actividades de ayuda a la comunidad local, pero además se llevan un aprendizaje real: desarrollan capacidades, conocen gente, crean red… y eso les beneficia en su vida personal y también a nivel profesional.
P. ¿Qué te llevó a ti a implicarte y acabar de presidente de Rotaract La Laguna?
R. Yo entré por la vía más habitual: me invitó un socio. En mi caso fue el paspresidente del club, Elías Falcón, que me propuso conocer el proyecto por mi perfil: soy una persona inquieta, que ha estado en asociaciones y le gusta colaborar.
P. ¿Te uniste desde el primer día?
R. No. Estuve un año o año y medio participando sin ser socio. Y después vi que Rotaract reunía lo que yo buscaba: compromiso real, acciones claras y, sobre todo, poder hacer algo y ver de manera directa cómo beneficia a personas en riesgo de exclusión o pasando un mal momento.
P. ¿Cómo se llega a la presidencia?
R. Por el sistema de gobierno: los cargos rotan cada año. Presidente, secretario, tesorero… van cambiando entre los miembros. Salvo que alguien diga explícitamente que no quiere, lo normal es que en algún momento lo sea. Este año me lo propusieron y lo cogí con ilusión. El mandato va del 1 de julio al 31 de junio, siguiendo el año rotario.
P. Desde fuera, Rotary a veces se percibe como algo elitista. ¿Lo entiendes?
R. Sí, y es una lucha constante. A veces incluso nos comparan con los masones, y no tiene nada que ver. Para empezar, las reuniones de Rotary son abiertas: cualquiera puede consultar cuándo se reúne un club y asistir, sin ser socio.
P. ¿De dónde crees que viene entonces esa imagen?
R. Históricamente, Rotary estuvo formado por perfiles como empresarios, abogados, banqueros… y es verdad que a menudo hay gente con más disponibilidad de tiempo, normalmente con trabajos estables o cargos que permiten dedicar horas a la entidad. Pero hoy no hay un requisito de estatus. Puede unirse cualquier persona, de cualquier situación económica, religión o identidad.
P. Una vez asumes la presidencia, ¿vienes con prioridades concretas?
R. Sí, cada presidente traza líneas estratégicas, pero se mantienen las actividades que ya funcionan. Lo rotativo no significa romper el rumbo: significa sumar sobre lo que ya existe. En mi año me propuse sobre todo aumentar la membresía y el “escaparate” público del club: Rotaract es poco conocido. Entré con 6 socios y ahora somos 10; el objetivo es llegar a 12.
P. ¿Cómo se eligen los proyectos? ¿Urgencia social, viabilidad, perfil de socios…?
R. Lo hacemos de forma muy sencilla: al inicio del año, en una reunión, cada socio trae una idea de proyecto social y la presenta en pocas diapositivas, explicando también la viabilidad y pasos. Luego, en otra reunión, votamos y calendarizamos el año. Y si surge una necesidad social que vemos clara y asumible, la incorporamos sobre la marcha.
P. Desde tu punto de vista, ¿qué está menos atendido en Tenerife?
R. Nosotros, en La Laguna, detectamos algo claro: los jóvenes participan cada vez menos. A veces por desinterés y a veces por falta de oportunidades o motivación. Por eso trabajamos con el enfoque de formar mentes críticas y jóvenes líderes, y decirles: “sí puedes, sí eres capaz”, y darles formación gratuita en habilidades.
P. En ese marco, ¿qué es RILA La Laguna?
R. RILA es un seminario para jóvenes líderes que desarrolla cada club. Nosotros reunimos a 22 jóvenes de toda España, de 16 a 25 años, en La Esperanza durante un fin de semana (30–31 de enero y 1 de febrero). Recibieron formación en resolución de conflictos, trabajo en equipo, comunicación… Fue muy positivo; muchos no querían irse al acabar.
P. ¿Es un evento para “captar” jóvenes para Rotary?
R. No. Y esto es importante: no se da formación sobre “qué es Rotary”. La intención directa es formarlos como líderes. Lo que pasa es que, indirectamente, después les nace la curiosidad: “¿qué es esto?, ¿cómo participo?, ¿cómo entro?” porque se alinean con los valores.
P. Si tuvieras que dejar un mensaje final, ¿cuál sería?
R. A la juventud le diría que participe, que no sea conformista. Que vea que de verdad sus acciones pueden cambiar el mundo. Y que en Rotaract confluyen esas ideas: amistad, organización, formación y participación para transformar la realidad.







