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martes, 10 marzo,2026

Fiscalidad canaria: ¿ventaja del REF o presión creciente en las islas?

La singularidad fiscal ha sido tradicionalmente uno de los pilares del modelo económico canario. El Régimen Económico y Fiscal (REF) reconoce las condiciones específicas del Archipiélago y establece instrumentos destinados a compensar los sobrecostes derivados de la insularidad y la lejanía geográfica.

Sin embargo, el análisis comparado de las Regiones Ultraperiféricas (RUP) de la Unión Europea muestra una realidad compleja: aunque Canarias mantiene un sistema fiscal propio, la presión fiscal efectiva del Archipiélago ha aumentado en los últimos años y ya se sitúa entre las más elevadas del conjunto ultraperiférico.

Según los datos analizados en el informe comparado de las RUP, la presión fiscal en Canarias ronda el 26,9% del PIB, lo que la convierte en la segunda región ultraperiférica con mayor presión fiscal.

Este dato resulta especialmente llamativo si se tiene en cuenta que el discurso político tradicional ha presentado el sistema fiscal canario como uno de los principales factores de competitividad del Archipiélago.

El sistema fiscal singular

A diferencia de otras regiones ultraperiféricas europeas, Canarias dispone de un sistema tributario propio con varios impuestos específicos.

El más conocido es el IGIC (Impuesto General Indirecto Canario), equivalente al IVA pero con tipos impositivos más bajos. A este se suma el AIEM (Arbitrio sobre Importaciones y Entregas de Mercancías), diseñado para proteger determinadas producciones locales frente a la competencia exterior.

Estos tributos constituyen una parte esencial de la financiación pública del Archipiélago. En 2024, la recaudación del IGIC supera los 2.300 millones de euros, mientras que el AIEM ronda los 280 millones.

En conjunto, ambos impuestos han experimentado un crecimiento muy significativo desde mediados de la década pasada.

Comparación con otras regiones ultraperiféricas

El sistema fiscal canario contrasta con el modelo aplicado en otras RUP europeas.

En las regiones francesas de ultramar, la imposición indirecta se articula en torno al Octroi de Mer, un impuesto histórico aplicado a las importaciones que también tiene funciones de protección económica local.

En Azores y Madeira, por su parte, no existen tributos propios equivalentes al IGIC o al AIEM. Su sistema fiscal se basa en una versión reducida del IVA nacional portugués.

Estas diferencias generan un mosaico fiscal dentro del espacio ultraperiférico europeo, donde cada territorio combina distintos instrumentos tributarios y niveles de autonomía financiera.

Otra diferencia relevante se observa en la fiscalidad directa. En Canarias, la presión fiscal sobre las rentas personales alcanza aproximadamente el 4,8% del PIB, una de las más elevadas entre las regiones ultraperiféricas.

Azores y Madeira presentan cifras similares, con 4,1% y 3,9%, respectivamente. En cambio, las regiones francesas de ultramar registran niveles mucho más bajos, en algunos casos por debajo del 2%.

El sistema francés parte de un tramo inicial del impuesto sobre la renta del 0%, lo que reduce la carga efectiva sobre los hogares con ingresos bajos.

Una recaudación concentrada

El análisis de los contribuyentes muestra además una característica común en muchas economías ultraperiféricas: la mayor parte de la recaudación procede de los tramos medios y altos de renta.

En Canarias, por ejemplo, los contribuyentes con ingresos entre 21.000 y 60.000 euros anuales generan más de la mitad de la recaudación total del IRPF.

Por su parte, el grupo de rentas más altas —aunque representa una proporción muy pequeña del total de declarantes— aporta una parte significativa de los ingresos fiscales.

Este patrón refleja la existencia de bases fiscales relativamente estrechas, donde una parte importante de la población queda fuera de los tramos de tributación efectiva debido a los bajos niveles de renta.

La evolución reciente de la presión fiscal en Canarias plantea una cuestión relevante para el futuro del modelo económico del Archipiélago.

El REF fue concebido originalmente como un instrumento para compensar desventajas estructurales y favorecer la competitividad económica del territorio. Sin embargo, el aumento de la recaudación y la aproximación progresiva a los niveles fiscales del resto del país han reducido parcialmente ese diferencial.

En otras palabras, la singularidad fiscal sigue existiendo, pero su efecto competitivo puede ser menor de lo que tradicionalmente se ha asumido.

Un debate abierto

La fiscalidad es uno de los elementos centrales del modelo económico canario. En un territorio con limitaciones estructurales y elevada dependencia del sector servicios, el diseño del sistema tributario puede influir de forma decisiva en la atracción de inversión, la creación de empleo y la competitividad empresarial.

El debate sobre el futuro del REF no se limita, por tanto, a cuestiones técnicas o jurídicas. Está directamente relacionado con el tipo de economía que Canarias quiere construir en las próximas décadas.

Al final, la cuestión no es solo si el Archipiélago tiene un sistema fiscal singular, sino si ese sistema sigue siendo suficiente para cerrar la brecha económica que separa a Canarias de otras regiones europeas.

Redacción
Redacción
Equipo de Redacción de elburgado.com

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