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domingo, 1 marzo,2026

Enjambres sísmicos en Tenerife: qué significan y qué no

Tenerife vuelve a mirar al subsuelo. En las últimas semanas, la sucesión de enjambres sísmicos registrados bajo el entorno del Teide ha reactivado la conversación pública sobre la actividad volcánica en la isla.

Miles de microterremotos, la mayoría imperceptibles para la población, han sido detectados por la red instrumental, generando inquietud en parte de la ciudadanía y una intensa vigilancia científica.

Pero ¿qué significan realmente estos enjambres? ¿Son el preludio de una erupción o forman parte del comportamiento habitual de un sistema volcánico activo? Entender la diferencia entre actividad sísmica y proceso eruptivo es clave para interpretar correctamente los datos.

La cuestión, por tanto, no es solo cuántos terremotos se registran, sino dónde se localizan, a qué profundidad, con qué magnitud y si van acompañados de otros parámetros como deformación del terreno o cambios geoquímicos.

Un año con sismicidad creciente

Los registros de los últimos años muestran que Tenerife no está inactiva desde el punto de vista geotectónico. Entre los movimientos sísmicos más destacables se observan patrones de enjambres sísmicos bajo Las Cañadas del Teide, característicos de sistemas volcánicos activos en fase de reposo o reajustes internos.

Desde 2016, se han identificado varios enjambres de este tipo en el sector oeste de Las Cañadas del Teide, con profundidades estimadas entre 8 y 12 kilómetros bajo el nivel del mar.

Episodios similares ocurrieron en octubre de 2016, junio de 2019, junio y julio de 2022, noviembre de 2024 y agosto de 2025. Cada uno de ellos fue seguido de un retorno a niveles de actividad más “normales”, sin que ninguno se tradujera en señales claras de erupción volcánica.

Repunte en 2026: cinco enjambres y miles de microsismos

Durante el mes de febrero de 2026, Tenerife entró en una fase de repunte sísmico notable. En apenas tres semanas se detectaron cinco enjambres sísmicos, localizados al oeste de Las Cañadas del Teide y caracterizados por eventos de baja magnitud que los instrumental detectó de forma continuada.

El Instituto Geográfico Nacional (IGN) informó que durante uno de estos episodios, prolongado durante más de 30 horas, se contabilizaron aproximadamente 6 000 terremotos de baja energía (imperceptibles para la población), lo que eleva significativamente el número total de pequeños sismos registrados en el periodo.

Los expertos que siguen la evolución destacan que, aunque estos enjambres son inusuales por su concentración en el tiempo, la energía liberada por cada evento es muy baja, tanto que la suma de todos no equivaldría a un terremoto moderado tradicional.

¿Un terremoto importante entre islas agrava la situación?

El 26 de febrero de 2026 se produjo además un terremoto de magnitud 4,1 sentado ampliamente por la población en diversos municipios de Tenerife y Gran Canaria. Este movimiento sísmico tuvo lugar a unos 10 kilómetros de profundidad en la zona conocida como Volcán de Enmedio, un antiguo edificio volcánico submarino situado entre las dos islas.

Las autoridades científicas han sido claras: este sismo de mayor magnitud no está directamente relacionado con los enjambres volcánicos bajo el Teide, sino que se enmarca en la actividad sísmica habitual de ese sector oceánico, marcado por fallas, ajustes geológicos entre islas y la propia presencia del volcán submarino.

La zona del Volcán de Enmedio ha sido escenario de movimientos importantes en el pasado, como el sismo de 1989 con magnitud 5,3, también asociado a esa estructura submarina y que fue percibido ampliamente en Tenerife.

Tranquilidad, no certidumbre

Frente al aumento de microseísmos, los especialistas subrayan que la actividad volcánica en Tenerife se clasifica como inusual, pero no alarmante.

Según portavoces del IGN, aunque ha habido enjambres más frecuentes en las últimas semanas, no existen indicios claros de que esto se traduzca en una erupción inminente ni a corto ni a medio plazo en la actualidad.

Expertos señalan que, para considerar que un volcán está entrando en fase eruptiva, se necesitaría observar no solo sismicidad, sino también:

  • Aumento sostenido de la magnitud de los sismos.
  • Deformación acelerada del terreno alrededor del edificio volcánico.
  • Cambios significativos en las emisiones de gases volcánicos o temperatura en puntos de control.

Hasta ahora, estas señales más robustas no se han detectado de forma consistente.

¿Puede haber un acontecimiento próximo?

La sismicidad reciente muestra un patrón de microterremotos recurrentes en un sistema activo, pero no necesariamente preludia una erupción.

La energía liberada por los enjambres recientes es baja y las profundidades de los eventos son compatibles con movimientos de fluidos en el subsuelo, más que con migración magmática hacia niveles someros.

El terremoto de magnitud 4,1 que sintieron habitantes de Tenerife y Gran Canaria fue asociado a actividad en un volcán submarino diferente, no al sistema Teide-Pico Viejo. Por ello, las instituciones científicas mantienen un nivel de vigilancia activo y continuo, y descartan por ahora una probabilidad alta de erupción a corto o medio plazo.

La diferencia entre actividad y erupción es clave: el primero es parte del funcionamiento normal de un volcán dormido, el segundo exige una serie de señales convergentes que aún no se han manifestado.

La mejor respuesta colectiva sigue siendo una alerta informada, no una alarma, y un seguimiento riguroso de los indicadores científicos que realmente importan para anticipar posibles cambios de fase.

Redacción
Redacción
Equipo de Redacción de elburgado.com

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