Hace tiempo que llevo diciéndole a un amigo, que fue senador, que Sánchez puede acabar encerrado en una mazmorra (se trata de una metáfora) y algunos de sus colaboradores también. La segunda parte de mi creencia está a punto de cumplirse, si se confirman las negras previsiones sobre Ábalos y Cía. Si Ábalos se ve acorralado, hablará, y si habla, al Gobierno y a Sánchez las cosas se les van a poner muy difíciles. Ya el mediador Aldama ha sido encarcelado. Sánchez es un fatuo, un tipo con pocos escrúpulos, un macarra madrileño, un chulo de la política y, por tanto, tiene poco que perder. Por otra parte, ha logrado que más de media España le deteste y sólo se mantiene en el poder, perdidas definitivamente las urnas, pactando con herederos de la ETA y con independentistas que le sacan lo que quieren con tal de regalarle sus votos. Es una forma espuria de mantenerse, pero muchas veces han gobernado países, pequeños y grandes, personajes sin escrúpulos, osados y mentirosos y a nosotros nos han tocado dos de los tontos más listos de la manada socialista: Zapatero y Sánchez. Pero España, a pesar de las apariencias, tiene arraigado su estatus democrático de Estado de Derecho y la justicia ha puesto las cosas en su sitio. Sánchez ha mentido con descaro, ha permitido que otros lo hagan por él y ha convertido España en un país sin credibilidad en el mundo. Se tiene que marchar porque ese espectáculo del abucheo permanente en las calles no es posible y porque el espectáculo que estamos dando ante el mundo no es propio del Estado español. El país sufre una corrupción sistémica y el responsable de ella es quien encabeza el Gobierno. Es tal su apego al poder y es tal su no saber dónde ir después que se aferra a las asideras de La Moncloa con mucho afán, pero el cerco es demasiado estrecho y los contrataques ya no le sirven, ni siquiera esa corte de periodistas afines que ha comenzado a quitar importancia a Sánchez para dársela a Ábalos, que acabará hablando. El escándalo es peor que el de los ERE de Andalucía y se habla desde mascarillas fraudulentas cuando la epidemia a maletas llenas de dinero a comisiones escandalosas, querindangas, porteros de discoteca y actos propios de un país andino, no de otro de la Unión Europea. Lo peor es que tenemos demasiado cerca comportamientos reales similares que son un mal ejemplo para el pueblo, pero Sánchez debe pagar, al menos con la dimisión, su mala cabeza, su prepotencia y su sectarismo. Como el otro pagó con su abdicación su mal comportamiento. Por el bien del PSOE, partido centenario que yo creo que no merece esto. Ni España tampoco. El Pichón tiene que volar del nido de La Moncloa, cuanto más lejos mejor. Y, de camino, su mujer.
viernes, 16 enero,2026







