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lunes, 19 enero,2026

El nivel de inglés en Tenerife (y Canarias): la eterna cuenta pendiente

Canarias es un territorio abierto al mundo por definición. Su posición geográfica en el Atlántico, su historia ligada al comercio y a la emigración, y su papel como uno de los grandes destinos turísticos de Europa han construido una identidad profundamente internacional.

Sin embargo, esa vocación exterior no siempre se traduce en competencias clave para desenvolverse en un entorno globalizado, y el dominio del inglés es quizá el ejemplo más claro de esa brecha entre lo que Canarias es y lo que aún le cuesta ser.

Tenerife es uno de los grandes destinos europeos durante todo el año pero cuando se analizan los indicadores comparables sobre dominio del inglés, el Archipiélago aparece sistemáticamente en una posición discreta dentro del conjunto de España.

La paradoja es evidente: millones de visitantes internacionales, una economía altamente expuesta al exterior y, sin embargo, un nivel medio de inglés que no termina de despegar.

Un nivel medio-bajo

Los datos más utilizados para la comparación internacional y regional proceden del EF English Proficiency Index, que sitúa a España en un nivel “medio” y a Canarias ligeramente por debajo de la media nacional.

Dentro del contexto español, el Archipiélago queda lejos de comunidades como Madrid o Cataluña y en una franja similar a Andalucía, aunque por encima de Baleares. Este último dato resulta especialmente revelador: incluso en territorios ultraturísticos, el turismo no garantiza automáticamente un mayor dominio del idioma.

Una de las claves para entender esta situación es la concentración del inglés en determinados puestos de trabajo. En Canarias, el uso cotidiano del idioma se da sobre todo en áreas concretas del sector turístico: recepción hotelera, atención al cliente, guías, restauración en zonas de alta afluencia o servicios vinculados a turoperadores.

Sin embargo, estos perfiles representan solo una parte de la población activa. El índice de referencia mide el nivel medio de toda la población adulta evaluada, no únicamente de quienes trabajan de cara al visitante.

El resultado es un promedio que diluye las competencias lingüísticas de esos nichos profesionales.

Inglés funcional

A esta concentración se suma el modelo de interacción turística dominante, basado en un “inglés funcional”. En muchos establecimientos se trabaja con fórmulas aprendidas, vocabulario limitado y estructuras repetitivas que permiten resolver la tarea —hacer un check-in, servir una mesa, vender una excursión— sin necesidad de un dominio amplio del idioma.

Es un inglés suficiente para operar, pero insuficiente para mejorar de forma sostenida la competencia general, especialmente en expresión oral. No es casual que los análisis sobre España señalen el “speaking” como el principal punto débil.

La comparación con otros destinos turísticos europeos refuerza el diagnóstico. Países como Portugal, Grecia o Croacia —donde el inglés no es lengua oficial ni segunda lengua— obtienen puntuaciones claramente superiores. Dato aparte: en esos países el doblaje de series y películas internacionales es residual.

La diferencia no está solo en el turismo, sino en la exposición social al idioma: consumo de contenidos en versión original, mayor presencia del inglés en la educación postobligatoria, uso habitual en contextos profesionales no estrictamente turísticos y una percepción social del idioma como herramienta transversal, no sectorial.

Efecto Baleares

El llamado “efecto Baleares” ilustra bien el límite del argumento turístico. A pesar de ser uno de los destinos más visitados de Europa, su puntuación media en inglés es inferior a la de Canarias. El dato sugiere que el turismo masivo puede incluso generar un efecto perverso: si el visitante se adapta al idioma local (o a un inglés muy básico), la presión para elevar el nivel real de la población disminuye.

No se trata solo de mejorar resultados educativos, sino de romper la idea de que el idioma pertenece exclusivamente al ámbito turístico. Mientras el inglés no se integre de forma transversal en la vida profesional, cultural y mediática del Archipiélago, el contraste entre su vocación internacional y su nivel medio seguirá siendo una de las grandes contradicciones de su modelo económico.

Redacción
Redacción
Equipo de Redacción de elburgado.com

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