El Ayuntamiento de Santa Cruz deberá devolver 3,6 millones de euros en fondos europeos Next Generation destinados al contenedor marrón y, pese a ello, pagar la misma cantidad a la empresa Valoriza, y qué casualidad, con dinero propio del Consistorio. Todo ello por problemas en la tramitación administrativa del proyecto.
Los fondos europeos estaban vinculados a la ampliación y mejora del servicio de recogida de biorresiduos en la capital, es decir, a la instalación del contenedor marrón en los cinco distritos del municipio y a la compra de camiones específicos para este tipo de residuos.
El contenedor marrón es la pieza clave para separar la fracción orgánica —restos de comida, pequeños restos vegetales, etc.— y cumplir los objetivos europeos de reciclaje y economía circular.
Sin embargo, lo que se presentaba como un ejemplo de transición ecológica financiada por Europa ha terminado en devolución de la ayuda. Qué cosa, ¿no?
Según explicó el concejal de Servicios Públicos, Carlos Tarife, los informes de los servicios jurídicos e Intervención municipal emitieron un reparo, es decir, una objeción formal que impedía continuar el expediente tal y como estaba planteado. Ante esa falta de aval jurídico, el Ayuntamiento se ha visto obligado a renunciar a la subvención y devolverla.
La eficiencia hecha política. Una vez más. En estos momentos uno siempre se acuerda de Trillo.
Lógicas críticas
La oposición, con Patricia Hernández liderando, ha criticado duramente la gestión. La “mala tramitación del expediente” concluye en un dinero europeo que se pierde y, sin embargo, el Ayuntamiento no se libra del gasto, porque sigue existiendo el compromiso económico con Valoriza, la empresa adjudicataria del servicio de limpieza y recogida de residuos en Santa Cruz.
Vaya negocio con esta gente.
En la práctica, esto significa que los 3,6 millones que iban a salir de Bruselas saldrán ahora de las arcas municipales. La ciudad no perderá el contenedor marrón —la intención sigue siendo adquirir los nuevos contenedores y camiones—, pero sí perderá el alivio económico que suponían los fondos Next Generation. Así, lo que iba a financiarse con recursos europeos habrá de sufragarse con impuestos y recursos propios del Ayuntamiento, un mensaje poco popular en un contexto de encarecimiento del coste de la vida y presión sobre las finanzas locales.
Al final, cuando Europa está de por medio nos sacan las costuras. Los fondos europeos están sujetos a plazos estrictos, procedimientos complejos y exigencias muy claras de justificación. Cuando los expedientes no se arman con suficiente solidez jurídica o no cumplen al detalle las condiciones marcadas, el riesgo de perder la financiación es real. Y aquí, capital del carnaval, es lo toca. ¿Quién se queja?
Muchos vecinos se preguntarán por qué, si Europa estaba dispuesta a pagar, tendrá que terminar pagándolo Santa Cruz por un problema que no tiene que ver con su voluntad de reciclar, sino con cómo se ha tramitado el expediente.
Venga, por Federico: “Manda huevos”







