Francia ha confirmado este miércoles el primer caso de ébola diagnosticado fuera del continente africano desde el inicio del brote declarado en mayo en la República Democrática del Congo. El paciente es un médico que regresó de una misión humanitaria en ese país y fue aislado e ingresado en un hospital especializado en enfermedades infecciosas de alta transmisibilidad. Según las autoridades francesas, el enfermo se encuentra en estado estable.
La portavoz del Gobierno, Maud Bregeon, aseguró en rueda de prensa tras el Consejo de Ministros que la situación está bajo control. El Ministerio de Sanidad subrayó que los protocolos de seguridad se activaron desde el momento mismo en que el médico llegó al territorio francés, con traslado al hospital en condiciones controladas para evitar cualquier riesgo de contagio. Paralelamente, se ha puesto en marcha una investigación epidemiológica para identificar a las personas que pudieron haber tenido contacto con el paciente, quienes deberán guardar aislamiento domiciliario de 21 días con seguimiento médico durante todo ese periodo.
El brote al que está vinculado este caso es especialmente preocupante. La OMS ha confirmado ya 1.048 casos y 267 muertes, y el responsable es la variante Bundibugyo, de la que solo se habían documentado antes dos brotes, uno en Uganda entre 2007 y 2008 y otro en la propia RDC en 2012. Para esta cepa no existen ni vacunas ni tratamientos autorizados, y su tasa de mortalidad se estima entre el 20% y el 30%, inferior a la de la variante Zaire, cuya letalidad media ronda el 75%.
El epicentro del brote es la provincia de Ituri, donde los desplazamientos de población derivados del conflicto armado dificultan la labor de los equipos sanitarios, y la situación en los campos de desplazados es especialmente delicada por el hacinamiento. La OMS ha declarado ya una Emergencia de Salud Pública de Importancia Internacional y teme una expansión regional tras la detección de varios casos en la vecina Uganda.
El Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades considera, no obstante, que el riesgo de infección es bajo para los residentes europeos y muy bajo para la población general, dada la naturaleza poco contagiosa del virus, que solo se transmite por contacto directo con fluidos corporales de personas ya sintomáticas.
