El Atlético de Madrid jugará su vigésima final de la Copa del Rey tras resistir un asedio asfixiante en el Spotify Camp Nou. Pese a caer derrotado por 3-0 ante un FC Barcelona que rozó la épica, el conjunto de Diego Pablo Simeone hizo valer el contundente 4-0 logrado en la ida en el Estadio Riyadh Air Metropolitano. De esta forma, los rojiblancos regresan a una final copera trece años después de aquel título conquistado en 2013, y buscarán su undécima corona frente al vencedor del duelo entre el Athletic Club y la Real Sociedad.
El partido fue un monólogo azulgrana desde el pitido inicial. Bajo el lema «Juguem com som», los pupilos de Hansi Flick saltaron al césped decididos a obrar el milagro, sometiendo al Atlético a un dominio casi absoluto. Al filo de la media hora, Marc Bernal abrió el marcador tras una genialidad de Lamine Yamal y, justo antes del descanso, Raphinha anotó de penalti el 2-0 que encendía todas las esperanzas locales. El Atlético, aunque tuvo una ocasión clara en un cabezazo de Ademola Lookman, se dedicó a achicar agua y a aguantar las embestidas de un Barça que cumplía con el plan de Flick de marcar dos goles por tiempo.
En la segunda mitad, la tensión aumentó. Juan Musso sostuvo a los colchoneros con intervenciones decisivas, especialmente ante un disparo cruzado de João Cancelo. El Barcelona, mermado por una plaga de lesiones que obligó a Ronald Araujo a actuar como delantero centro en los últimos veinte minutos, encontró el 3-0 nuevamente gracias a Marc Bernal en el minuto 72. A falta de un solo gol para forzar la prórroga, el equipo catalán terminó el encuentro físicamente agotado, con jugadores como Pedri y el propio Bernal extenuados tras el enorme esfuerzo realizado.
Pese al empuje final y la presencia de Araujo en el área rival, el Atlético de Madrid consiguió blindar su portería en los minutos finales para evitar el cuarto tanto. El pitido final supuso un alivio inmenso para los de Simeone, que supieron sufrir para certificar su billete a Sevilla. El Barcelona, por su parte, se despide de la competición con la cabeza alta tras rozar una remontada histórica que se le escapó por la falta de puntería final y el lastre del resultado del primer partido.







